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martes, 19 de abril de 2016

Muere Patricio Aylwin, el líder de la transición chilena

El primer presidente democrático luego de la dictadura de Pinochet, falleció esta mañana en Santiago a los 97 años


El expresidente Patricio Aylwin en una fotografía de 2004. FOTO: EFE | VÍDEO: EL PAÍS-QUALITY
Ha muerto Patricio Aylwin Azócar, símbolo del siglo XX chileno y uno de los personajes más relevantes del pasado reciente del país sudamericano, junto al socialista Salvador Allende y al dictador Augusto Pinochet. Primer presidente democrático luego de los 17 años de régimen autoritario y líder de la transición, el abogado democristiano ha fallecido la mañana del martes a los 97 años en su casa de la zona oriente de Santiago. Aunque no sufría ninguna enfermedad y sus funciones vitales no presentaban problemas, su salud había decaído considerablemente hace un mes. Se levantaba poco y dormía buena parte de la jornada, por lo que su familia sabía que había entrado en una etapa precaria. En sus últimos días, sin embargo, no tuvo dolores y permaneció tranquilo, contento y sobre todo acompañado. Hasta el final estuvo pendiente de su esposa, Leonor Oyarzún, también de 97, con la que estuvo casado 67 años
Fue un político paradójico y difícil de encasillar. A comienzos de los años 70 fue enemigo de la izquierda y uno de los principales opositores de los mil días del Gobierno socialista de la Unidad Popular, liderado por Allende. El papel que jugó en el Golpe de Estado de 1973 su partido, la Democracia Cristiana, todavía es materia de discusión en Chile. Durante la dictadura, sin embargo, Aylwin se transformó en uno de los principales enemigos del régimen y fue uno de los dirigentes que posibilitó la peculiar alianza entre el centro y la izquierda que derrotó al dictador mediante un plebiscito. Después del fracaso de Pinochet en las urnas en 1988, cuando Chile todavía era una nación de enemigos, los chilenos le encomendaron la complicada misión de ser el primer presidente democrático. Asumió en marzo de 1990 y, con el dictador todavía al mando de las Fuerzas Armadas, lideró una de las transiciones más complejas y exitosas de América Latina.
Tenía 54 años cuando Allende se quitó la vida en La Moneda, 71 cuando él mismo llegó a la presidencia y 88 cuando Pinochet murió en una clínica de Santiago en 2006. Hijo mayor de una dueña de casa y de un jurista que llegó a ser presidente de la Corte Suprema, nació en la ciudad de Viña del Mar en noviembre de 1918. Tuvo cuatro hermanos, algunos con alta figuración pública: Andrés Aylwin, abogado de derechos humanos en dictadura y exdiputado de la Democracia Cristiana, y Arturo Aylwin, excontralor de la República. Junto a su esposa uvo cinco hijos y 17 nietos, conformando uno de los clanes políticos más importantes del país.
Entre 1990 y 1994, como presidente fue partidario de avanzar en la medida de lo posible. Fue el símbolo de aquellas dos décadas de la democracia de los acuerdos, cuando la política chilena estuvo marcada por los consensos entre sectores distantes. Pero en su Administración también realizó acciones osadas para restablecer una sociedad abierta y superar la pelea excluyente de unos y otros . “No es posible una transición exitosa sin la reconstitución de la verdad. Y por eso, un mes después del inicio de mi Gobierno, anuncié la formación de la Comisión Rettig para investigar las violaciones a los derechos humanos”, señaló en 2012 a EL PAIS, en su última entrevista. Lo hizo pese a los consejos de sus asesores que le recomendaban prudencia y el equipo, luego de nueve meses de trabajo, concluyó que 2.296 personas habían muerto en dictadura. Aylwin pidió perdón en nombre del Estado, con la voz quebrada, en un discurso por televisión que es parte de la memoria colectiva de Chile.
Hace años estaba retirado de la vida pública aunque, pese a su edad, hasta 2015 seguía asistiendo a algunas actividades protocolares en su calidad de expresidente. Respetado por los diferentes sectores ideológicos, desde el silencio parecía instalado en un lugar que trascendía el bien y el mal. Al margen de la coyuntura y de los conflictos del corto plazo, su figura era convocada en tiempos de crisis. En diciembre pasado, sin embargo, una caída en su domicilio lo tuvo ingresado por una contusión craneana. Hasta ese momento, Aylwin seguía llevando la vida normal de un anciano activo, que incluía la reunión habitual en el Club de la Unión de Santiago del llamado grupo de los cardenales, militantes democristianos de su generación con el que comía cada dos jueves. Jamás faltó a un encuentro hasta la fecha del accidente. Desde entonces, su salud se fue deteriorando rápidamente, sobre todo en las últimas semanas. No salía de su casa y su salud de agravó considerablemente en las últimas 
Fue un protagonista central de los principales hechos que marcaron la historia reciente de este país. En los 70 conoció de cerca a Allende: “Demostró que no fue buen político. Si lo hubiera sido, no habría pasado lo que le pasó”, indicó a EL PAIS. También tuvo que convivir con Pinochet, que en los 90 puso en peligro varias veces la incipiente democracia. “Sabía hacerse el simpático cuando quería. Era socarrón y diablito, jugaba para su propio lado. Pero no fue un hombre que obstaculizara las políticas del Gobierno que yo encabecé”, señaló en la entrevista de 2012. El democristiano, sin embargo, resumió su visión sobre ambos cuando el 4 de septiembre de 1990 encabezó los funerales de Estado del socialista. “Debo decirlo con franqueza: si se repitieran las mismas circunstancias, volvería a ser decidido opositor, pero los horrores y quebrantos del drama vivido por Chile desde entonces nos han enseñado que esas circunstancias no deben ni pueden repetirse por motivo alguno”, indicó el presidente en aquella jornada.
http://internacional.elpais.com/

"Pueblayork": la ciudad "secreta" de mexicanos que sostiene a Nueva York


Mexicano en Nueva York
Image captionNueva York es el principal destino de los migrantes de Puebla.
En un negocio se venden tacos de carnitas de cerdo. A unos pasos se encuentra una tienda que ofrece vestidos para las chicas que cumplen 15 años, y después hay un restaurante donde el menú del día es verdolagas en salsa verde, quesadillas de papa y mixiotes de borrego, un guiso de cordero que se prepara al vapor.
Desde hace décadas el barrio es uno de los refugios para mexicanos que se encuentran en EE.UU. sin documentos.
  • Muchos en el barrio son de Puebla, el estado que más migrantes aporta a la ciudad. De hecho fueron los primeros mexicanos en llegar a esta ciudad, dice Joel Magallán, fundador de la Asociación Tepeyac de Nueva York.
Nueva York
Image captionEste martes hay primarias en Nueva York, de donde es oriundo el precandidato republicano Donald Trump.
Más de un millón de poblanos viven en Estados Unidos, la mayoría en barrios neoyorquinos.
La migración ha sido tal que ahora representa la sexta parte de los habitantes de Puebla, que según el conteo más reciente del Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía, tiene de 6,2 millones de personas.
Son tantos los arraigados en la ciudad estadunidense que en México desde hace tiempo rebautizaron a la Gran Manzana.
La llaman "Pueblayork".

Nueva vida

Uno de los vecinos de Elmhurst es Cupertino Meléndez Santos, un joven de 28 años que trabaja en un restaurante de Wall Street.
Es algo común en la zona. Todos los días cientos de mexicanos abordan el metro y recorren hasta 30 estaciones para llegar a su trabajo, generalmente en Manhattan.
En el trayecto elevado el convoy pasa por un cementerio de vagones de desecho, vías de ferrocarril abandonadas y edificios viejos. Casi todos iguales: ladrillos grises, grafitis en el borde de las azoteas.
Cupertino Meléndez, mexicano en Estados Unidos
Image caption"Trabajar, no hay de otra", dice Cupertino Meléndez, un migrante poblano.
Cupertino nos cuenta que hace 14 años llegó con sus padres y hermanos desde Atlixco, un municipio rural de Puebla, al sur de Ciudad de México.
Como miles de personas que han abandonado el estado en las últimas décadas, la familia dejó todo para buscar una mejor vida.
Ahora están separados. Cupertino vive en Queens con un hermano. Otros dos están con los padres en Pensilvania. En Puebla sólo quedan una hermana, los abuelos y algunos primos.
  • La vida del joven ahora está aquí, como otros cientos de miles de mexicanos.
Los migrantes forman comunidades que suelen unirse por el lugar de origen, a veces en clubes sociales, otras en los negocios que crean o los sitios donde trabajan.
Oferta de empleo en el barrio Helmhursts de Nueva York
Image captionLos extranjeros encuentran ahora más oportunidad de empleo que en la recesión de 2008.
Es un proceso de adaptación que no termina de completarse. Muchos poblanos, como ocurre con jaliscienses, guanajuatenses o veracruzanos, viven con la esperanza de ganar dinero para sustentar un cómodo regreso a casa.
La espera puede prolongarse por décadas. Mientras, los primeros migrantes atrajeron a otros, y tras ellos llegaron más.

Costumbres

"Estamos en todos lados", nos dice Ricardo, encargado de un bar en Brooklyn.
Él nació en Cholula, ciudad vecina de la capital de Puebla. Hace nueve años llegó a Nueva York.
"En cualquier restaurante que preguntes siempre vas a encontrar por lo menos a un mexicano, en la cocina o sirviendo platos. Y muchos son paisanos".
Estudios de la alcaldía dicen que, por ejemplo, en el 70% de los restaurantes de la ciudad trabajan mexicanos, muchos originarios de Puebla.
Y también están en otras actividades económicas. De hecho, los migrantes creen que sin su trabajo la ciudad sería un caos.
Es claro que no sólo están en restarantes, pero es allí donde son más visibles. En Times Square, entre las enormes pantallas luminosas, fachadas de los edificios, Raúl Gómez, también de Cholula, reparte propaganda de un restaurante italiano. También, dice, a veces vende boletos de un autobús turístico.
Times Square, Nueva York.
Image captionTimes Square, un emblemático sitio de Nueva York. También allí hay migrantes de Puebla.
"Es a escondidas porque aquí el negocio lo tienen los afroamericanos", nos dice mientras señala a dos guías en el trance de enganchar a una familia alemana.
Ricardo y Raúl llevan una vida distinta a la que tenían en Puebla. El primero era empleado de una paraestatal; el otro trabajaba en un banco.
Pero en otros casos el cambio no es tan radical. José Coyotl Cuautle, empleado de un supermercado, nos cuenta que ahora trabaja igual que en su comunidad, San Antonio Cacalotepec, pero aquí gana más dinero.
El problema es que sus gastos son mayores. Y además enfrenta el riesgo permanente a una deportación, la separación de la familia, la discriminacion cotidiana...
  • A veces el único refugio son la familia y los paisanos con quienes comparte los gustos por la comida, la forma de organizar las fiestas y las tradicionesde su pueblo.

Fútbol

Este es uno de los aspectos sutiles de la diáspora mexicana en Estados Unidos, y que en Nueva York es paulatinamente más visible.
Cada grupo de migrantes, según su origen, tiene sus fiestas tradicionales y las festeja en su nuevo país. Por ejemplo, quienes llegaron de Zacatlán, Puebla, promueven una feria de la manzana en agosto, como en su pueblo.
Cancha de soccer en el Barrio Chino de Nueva York
Image captionLos cocineros mexicanos juegan fútbol en esta cancha del Barrio Chino.
Algunos originarios de Veracruz organizan un carnaval al inicio de Semana Santa, mientras que los oaxaqueños en julio realizan la fiesta de la Guelaguetza.
Hay pocas actividades que unen a todos los mexicanos en ciudades estadunidenses: el día de la independencia, la batalla del 5 de mayo en Puebla (cuando el ejército mexicano derrotó a los franceses), y el soccer.
De hecho, los cocineros mexicanos organizaron un equipo de fútbol que juega contra colegas de otras nacionalidades.
Los partidos son por la mañana del lunes y martes, si el clima lo permite, en una cancha de pasto artificial en el Barrio Chino.
Esta vez no fue así. El martes 12 de abril la temperatura no superó los 8 grados Celsius y llovió casi todo el día.
Al encuentro sólo llegaron tres jugadores. Se fueron cuando arreció el frío.
Negocio mexicano en Elmhursts, Nueva York
Image captionCaminar en Elmhurst, Queens, es como hacerlo en México.

Deportación

La Asociación Tepeyac de Nueva York ocupa una pequeña oficina en un vetusto edificio del corazón de Manhattan, a sólo unas calles del mítico Empire State.
Durante varias décadas, la Asociación fue uno de los principales referentes para los migrantes de Puebla. De aquí surgieron los primeros datos sobre mexicanos víctimas de los ataques a las Torres Gemelas de 2001.
En la improvisada sala de juntas y desde sus dos viejos escritorios se han organizado protestas contra deportaciones, y también la carrera de la Antorcha Guadalupana que cada fin de año parte de Ciudad de México y termina en la Catedral de San Patricio, en Manhattan.
  • Hoy, la Asociación se dedica casi por completo a ayudar a los jóvenes migrantes a terminar el bachillerato.
Es el principal requisito para inscribirse en el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), una iniciativa del presidente Barack Obama para suspender la deportación de los beneficiarios.
Asociación Tepeyac de Nueva York
Image captionLa Asociación Tepeyac prepara a los jóvenes migrantes para sumarse a DACA.
Joel Magallán dedica parte de su tiempo a impartir clases. Aunque en estos días no sólo se habla de álgebra o inglés. También de las próximas elecciones presidenciales de noviembre.
Y a veces de un nombre: Donald Trump.

"No le tengo miedo"

Entre los alumnos de la Asociación el posible candidato del Partido Republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, provoca sonrisas de burla, muecas de desprecio.
Pero no miedo. "¿Por qué lo voy a tener?", nos pregunta Carlos Juárez Hernández, un delgado muchacho de 20 años y arete negro en cada oreja.
Hace un año llegó de Santa María Nopopoalco, municipio de Huejotzingo, Puebla.
Le ha tocado vivir en Estados Unidos el proceso político que ahora preocupa al Partido Republicano: la carrera de Trump hacia la candidatura presidencial.
Jóvenes migrantes en la Asociación Tepeyac de Nueva York
Image caption"No tengo miedo a Trump", dice Carlos Juárez.
Periódicos en Elmhursts, Nueva York
Image captionLos mexicanos en Nueva York están atentos a las elecciones primarias en su ciudad.
Carlos se da cuenta. "Cuando empezó nos daba como risa, todos decían que es un payaso, era gracioso", nos dice.
"Pero ahora analizamos y vemos que los mismos partidos creen que Donald Trump ya se salió de control, ellos tienen miedo de que en verdad gane".
"No tengo miedo, pero a veces me da coraje. Yo hablo con los mexicanos que nacieron aquí y les digo: vayan a votar, necesitamos el voto latino porque, si no, ese Trump se lleva todo".
Joel Magallán está de acuerdo. "La esperanza es que como todos están enojados con él pues van a votar en contra", nos explica. El reto, que acudan a la urnas.
  • La otra cara de la moneda
En el otro extremo de Queens, a unas calles del Parque Central en Manhattan, Jaime Lucero se afana en los últimos detalles antes de un viaje de varios días.
Reúne a los empleados de su restaurante para darles las instrucciones de la semana; atiende una llamada y luego sonríe para recibir a los comensales del consulado mexicano en la ciudad.
Jaime Lucero, empresario mexicano en Nueva York
Image captionJaime Lucero representa la otra cara de la moneda en la migración de poblanos a Nueva York.
Lucero representa otra cara de la migración poblana a Nueva York, adonde llegó en 1975.
En poco tiempo fundó una empresa comercializadora de textiles y luego creó una organización civil llamada Casa Puebla, durante tres décadas, uno de los principales centros de reunión de los empresarios poblanos avecindados en Nueva York.
Lucero es uno de los empresarios mexicanos más prósperos de la ciudad, algo que, asegura, aprendió de su antecesores migrantes.
"Hemos trabajado 18 horas seguidas, hacemos los trabajos que nadie quiere hacer y eso nos hace muy fuertes", nos dice.
Para muchos Jaime Lucero podría ser el ejemplo del migrante que triunfay alcanza su sueño. Pero otros lo ven como algo lejano.
Uno de ellos es Cupertino Meléndez. "Nosotros no podemos quedarnos permanentemente y por eso siempre estamos pensando en tener algo para regresar", nos recuerda.
Si tuviera que definir su vida en Nueva York con una sola palabra, ¿cuál sería? "Trabajar", nos responde. "No hay de otra".
Letrero en el barrio Elmhursts, Nueva York
Image captionEn el barrio Elmhurst la vida es muy parecida a México.

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