sábado, 29 de marzo de 2014

“Las Edades De Lulú” (Fragmento)

“Las Edades De Lulú” (Almudena Grandes)



“El estaba ahí, con una bandeja llena de cosas, mirando cómo movía los labios, quizás incluso me había oído, pero no dijo nada, cruzó la habitación y se sentó delante de mí, con las piernas cruzadas como un indio. Pensé que iba a comerme, al fin y al cabo me lo debía, pero no lo hizo.
Me quitó las bragas, me atrajo bruscamente hacia sí, obligándome a apoyar el culo en el borde del sofá, y me abrió todavía más, encajándome las piernas sobre los brazos del sillón.
-Venga, empieza, te estoy esperando.
-¿Qué quieres saber?
-Todo, quiero saberlo todo, de quién fue la idea, cómo te pilló Amelia, qué le contaste a tu hermano, todo, vamos.
Tomó una esponja de la bandeja, la sumergió en un tazón lleno de agua tibia y comenzó a frotarla contra una pastilla de jabón, hasta que se volvió blanca.
Yo ya había comenzado a hablar, hablaba como un autómata, mientras le miraba y me preguntaba qué pasaría ahora, qué iba a pasar ahora.
-Bueno… es que no sé qué decirte. A mí me lo dijo Chelo, pero la idea fue de Susana, por lo visto.
-¿Quién es Susana? ¿Una alta, castaña, con el pelo muy largo?
-No, ésa es Chelo.
-Ah, entonces… ¿cómo es Susana? -sumergió la esponja en la taza hasta que se llenó de espuma.
-Es baja, muy menuda, también castaña pero tirando más a rubia, tienes que haberla visto en casa.
-Ya, sigue.
No me podía creer lo que estaba pasando. Había alargado la mano y me estaba enjabonando con la esponja. Me lavaba como a una niña pequeña. Aquello me descolocó por completo.
-Pero… ¿qué haces?
-No es asunto tuyo, sigue.
-Si el coño es mío, lo que hagas con él también será asunto mío -mi voz me sonó ridícula a mí misma, y él no me contestó. Seguí hablando-. Pues, Susana lo hace mucho, por lo visto, quiero decir, meterse cosas, y entonces le contó a Chelo que lo mejor, lo que más le gustaba, era la flauta, entonces decidimos que lo probaríamos, aunque la verdad es que a mí me parecía una guarrada, por un lado, pero lo hice, Chelo al final no, siempre se raja, y bueno, ya está, ya lo sabes, no hay nada más que contar.
Colocó una toalla en el suelo, justo debajo de mí.
Me resultaba imposible no mirarme en el espejo, con el pelo blanco, fantasmagóricamente cana.
-¿Cómo te pilló Amelia?
-Bueno, como dormimos en el mismo cuarto, ella, yo y Patricia…
-Patricia, ella y yo… -me corrigió.
-Patricia, ella y yo -repetí.
-Muy bien, sigue.
-Creí que estaba sola en casa, sola por una vez en la vida, bueno, Marcelo estaba, y José y Vicente también, pero viendo la televisión, y como estaban poniendo un partido, pues pensé… -se sacó una cuchilla de afeitar del bolsillo de la camisa-. ¿Qué vas a hacer con eso?
Me miró a la cara con su mejor expresión de no pasa nada, aunque me sujetó firmemente los muslos, por lo que pudiera suceder.
-Es para ti -contestó-. Te voy a afeitar el coño.
-¡Ni hablar! Me eché hacia adelante con todas mis fuerzas, intentaba levantarme, pero no podía. El era mucho más fuerte que yo.
-Sí -parecía tan tranquilo como siempre-. Te lo voy a afeitar y te vas a dejar. Lo único que tienes que hacer es estarte quieta. No te va a doler. Estoy harto de hacerlo. Sigue hablando.
-Pero… ¿por qué?
-Porque eres muy morena, demasiado peluda para tener quince años. No tienes coño de niña. Y a mí me gustan las niñas con coño de niña, sobre todo cuando las voy a echar a perder. No te pongas nerviosa y déjame. Al fin y al cabo, esto no es más deshonroso que calzarse una flauta escolar, dulce, o como se llame…
Busqué una excusa, cualquier excusa.
-Pero es que en casa se van a dar cuenta y como Amelia me vea se lo va a cascar a mamá, y mamá…
-¿Por qué se va a enterar Amelia? No creo que os hagáis cosas por las noches.
Yo -me había puesto tan histérica que ni siquiera tuve tiempo de ofenderme por lo que acababa de decir-, pero ella y Patricia me ven cuando me visto y cuando me desnudo, y los pelos se transparentan
-aquello me tranquilizó, creí haber estado brillante.
-Ah, bueno, pero no te preocupes por eso, te voy a dejar el pubis prácticamente igual, sólo pienso afeitarte los labios.

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