martes, 7 de julio de 2015

Los niños de la represión chilena llenan los silencios

Los jóvenes criados durante la dictadura de Pinochet ya son una destacada generación literaria. Comparten una reconstrucción de la memoria entre lo íntimo y lo político



De izquierda a derecha: Nona Fernández, Diego Zúñiga, Alejandra Costamagna y Rafael Gumucio, en Santiago de Chile. / NICOLÁS ABALO


Dos niñas fuman sus primeros cigarrillos y toman restos de bebidas alcohólicas a escondidas aprovechando la escasa atención de los adultos durante la fiesta en casa de una de ellas. No entienden la excitación con que se festeja el triunfo del ‘no’ en el plebiscito que acabó con la dictadura de Pinochet en 1988. Entre los mayores saltan, en medio del júbilo, viejos rencores -“hocicóndemierda, cagón, tú no brindas por nadie, hijodeputa”-, así que las niñas prefieren concentrarse en su iniciación en los vicios.
Es el punto de partida de La resta, de Alia Trabucco (Santiago, 1983), una de las sorpresas de la temporada literaria en Chile. Los nacidos en los años setenta y ochenta, que eran niños durante la represión, a los que sus padres protegían callando antes que compartiendo, son hoy una destacada generación de narradores. Su mirada tiene puntos en común: el primero es un intento de rellenar los huecos que dejaron esos silencios. Lo autobiográfico tiene así un fuerte peso en sus obras, en las que la memoria pasa de lo íntimo a lo político. Tienen una visión crítica de la transición a la democracia en su país. Coinciden en el gusto por el cuento o la novela breve. Y abundan algunos rasgos estilísticos: muchos ejercen una prosa directa, casi cinematográfica, de frases cortas. Pero también se ven influencias de la poesía y del vanguardismo, formatos arriesgados. En algún caso, el minimalismo se lleva al extremo.
Sergio Parra, veterano y muy respetado librero y editor que dirigeMetales Pesados, sostiene que desde el boom no aparecía en América Latina una generación de narradores tan reconocible como esta. "Comparten lo mismo: escuchan igual música, ven películas, hacen guiones, programas de humor. Tienen influencia de lo multimedia, de la performance. No tienen miedo a escribir. Y no necesitan ser autores de una gran novela". Su obra, repartida a menudo en libros de pocas páginas, se lee cómo un puzle. Están lejos de la grandilocuencia.
Las referencias más claras son Roberto Bolaño, el autor maldito que alcanzó la gloria después de muerto con su novela 2666, y el poetaNicanor Parra. Alberto Fuguet, uno de los que se rebeló contra el realismo mágico en McOndo (Mondadori, 1996), o el argentino César Aira son otras de las influencias destacadas. Babelia dialogó con diez de estos autores en Santiago de Chile, Valparaíso, Londres y (vía electrónica) Nueva York. Estas son sus reflexiones.

Literatura de hijos

La expresión Literatura de hijos la utilizó Alejandro Zambra (Santiago, 1975) para titular un capítulo de Formas de volver a casa(Anagrama, 2011), una exploración de su propio pasado. “Los de mi generación vivimos la democracia y la adolescencia al mismo tiempo. Nos dimos cuenta de que solo la segunda era totalmente cierta”, explica este autor entre clase y clase de las que imparte en la Universidad Diego Portales. “En los 90 tuvimos una sensación de orfandad muy grande. Se daban los problemas por archivados, pero advertimos que no lo estaban”. Y añade: “Para explicar cualquier cosa en Chile tienes que ir a la dictadura. Es muy difícil no hablar de ella”.
Para la crítica Lorena Amaro, la de los hijos es "una literatura cargada de culpas: la dictadura fue tan larga que dio tiempo a que los niños crecieran y entendieran lo que estaba ocurriendo, pero no duró tanto como para que pudieran combatirla realmente". Así que, lejos de la épica, estos escritores denuncian "el mutismo de la clase media, su servilismo ante las élites y su complicidad con los atavismos del poder en Chile".
Lina Meruane (Santiago, 1970) manifiesta su "espanto" ante la expresión "hijos de la dictadura". "Qué castigo, pienso, que ese sea el nombre que se dio a esa generación como si hubiéramos sido parte". Esta autora identifica la literatura de "posmemoria" como "relatos de segunda mano donde los narradores se hacen cargo como pueden de lo que vieron a medias o intuyeron", explica por correo electrónico desde Nueva York. En el 2000, Meruane publicó Cercada (reeditada por Cuneta), sobre la relación entre hijos de un torturador y de sus víctimas. "Mi generación abordó este tema muy pronto", dice. Pero ahora están surgiendo distintos puntos de vista, entre los que destaca el de Trabucco, porque en su libro "la memoria es una cosa cenicienta: irrespirable y difícil de sacudirse".
Alia Trabucco. / CLAUDIO ÁLVAREZ
En un pub de Londres, donde reside, Alia Trabucco analiza la marca de los de su edad: "La diferencia de la literatura de hijos tiene que ver con rescatar otros afectos: esta generación no aborda el pasado solo desde el homenaje, sino también cuestionando, interpelando. Surge algo más afilado. Una aproximación más incómoda que en otras narrativas". En La resta (Demipage, 2015), tres de aquellos niños se reencontrarán como jóvenes para un viaje (casi una fuga) en el que les perseguirán los fantasmas de sus infancias. Un pasado no tan inocente según su relato. "Hay algo terrible en la infancia, que siempre es narrada a posteriori para construir una identidad".

Infancias siniestras

Es una seña de identidad de esta generación: entienden la memoria de la infancia como algo reconstruido, por uno mismo y por la familia, a lo largo de la vida. Poco fiable. Space Invaders (Alquimia, 2013), de Nona Fernández (Santiago, 1971), es una novela breve entre nostálgica y terrorífica en que los recuerdos de alumnos de los colegios de los ochenta se enredan con los sueños de los adultos que los reviven. La misma autora escribió Fuenzalida (Random House Mondadori, 2012), el intento de una mujer de reconstruir la vida de un padre ausente, un maestro de artes marciales implicado sin quererlo en el horror. En ambas la frontera entre lo autobiográfico y la ficción es muy difusa.
A estos autores les persiguen fantasmas  de su infancia. La memoria es “irrespirable, difícil de sacudirse”
"La conducción de la memoria es muy subjetiva", admite Nona Fernández. "De los escolares de un mismo curso, nadie recuerda lo mismo. No creo en la memoria oficializada. Había muchos agujeros negros, cosas que se inventaron. Fuimos una generación rara que tuvo lucidez y conciencia de lo que ocurría pero no llegaba a entenderlo. Nos quedamos sin respuestas: algunas siguen sin llegar. En unos casos porque el dolor fue demasiado grande; en otros porque eran de los que no querían saber". En estos libros abundan los saltos en el tiempo, las tramas paralelas en el presente y en un pasado de miedo, sangre y plomo. Y se indaga, con esa perspectiva, en el destino de tantos desaparecidos: los miles que liquidó el régimen y también los que se escondieron tras identidades falsas.
También son frecuentes las miradas al espacio íntimo, a lo doméstico y familiar, que señalan debilidades de la condición humana. Un ejemplo es Alejandra Costamagna (Santiago, 1970), quien escribe cuentos tan inquietantes como los reunidos en Animales domésticos(Mondadori, 2011), donde utiliza como pretexto la presencia de las mascotas para presentarnos a una galería de personas presas de la incomunicación. Costamagna pone el foco en el detalle, en "las mierditas del día a día, los conflictos que están tapados por una superficie de aparente calma".

Minimalismo

De la tendencia a la concisión es un ejemplo la propia Costamagna. La autora ha reescrito su primera novela, En voz baja (LOM, 1996), comprimiéndola tanto que la ha convertido en un cuento de 35 páginas, incluido en Había una vez un pájaro (Cuneta, 2013). En voz baja fue una obra emblemática de la literatura de hijos porque se publicó a mediados de los 90, "cuando la dictadura había dejado de ser tema (ah, eso querían)". Pero, al revisar aquella obra de una veinteañera (una "mocosa" en lo literario, admite), Costamagna entendió que había "ruido, sobreexplicaciones, personajes-maquetas y un lenguaje altisonante", se justifica en el epílogo. Ahora ha reducido la historia enfocándola al conflicto entre una hija y su padre en los años setenta "y punto".
Alejandro Zambra / RICARDO DE QUEROL
Alejandro Zambra ha escrito novelas cortas como Bonsái (Anagrama, 2006), el relato sobre una pareja que comparte el erotismo y las lecturas, y que empieza contando el final. Sus obras no suelen alcanzar el centenar de páginas. Tampoco su último libro,Facsímil (Sexto Piso, 2015), que da un nuevo salto formal: el texto se estructura como un examen de acceso a la universidad (la Prueba de Aptitud Verbal), en el cual el alumno se sitúa ante fragmentos de textos que debe ordenar, o descartar en parte. Con ese esquema se presentan pequeñas historias o reflexiones del autor sobre los temas que le importan, algunos muy cotidianos (¿por qué ya no se saluda en los ascensores?) y que adquieren nuevos sentidos, o más a menudo mantienen el mismo, según decida el lector. Con este formato "se volvió muy relevante la posibilidad de desordenar todo, de eliminar los detalles y las redundancias. Empezó como una parodia y acabó en autoparodia. Una parodia amarga", explica su autor.

Lo íntimo, lo personal

Muchos escritores chilenos participan de la tendencia (global) de que el escritor se ponga a sí mismo como personaje. Aunque, subrayan, la autoficción también tiene algo de mentirosa. "La honestidad de un escritor es con su tiempo, no con su vida", opina Zambra. "Y la ficción no es lo opuesto a la verdad, ¡como si la vida no incluyera los sueños!". Nona Fernández lo explica de otra manera: "Estamos en un momento en que la gente se disfraza menos. Y por tanto puede ponerse a sí mismo como personaje".
Rafael Gumucio (Santiago, 1970) se ha puesto de personaje una y otra vez. Es el autor de Memorias prematuras (Debate, 2000), un libro rompedor por dos motivos: el primero, que escribir unas memorias antes de cumplir los 30 no es lo más habitual; el segundo, que aportaba el punto de vista del exiliado. El autor -también periodista y humorista, presentador de espacios en radio y televisión- pasó su infancia en Francia, donde se había refugiado su familia, y regresó a Chile a los 14 años. "Fue un shock. Ese país al que volvía no era mi país, porque no tenía ningún recuerdo de él. Así que era un descubrimiento que tenía que hacer en voz baja". Gumudio reflexionaba sobre el sentimiento del desarraigo en una obra que vincula lo personal, y por tanto emocional, y lo político. "Era una confesión de fragilidad, escrita más desde la duda que de la certeza".
Gumucio no solo ha sido personaje él mismo, sino que hizo protagonista a su abuela, una gran influencia en su vida, en Mi abuela, Marta Rivas González (Ediciones UDP, 2013). El autor considera a esa mujer de vida intensa, exiliada dos veces, "el hombre de la familia", un modelo de virilidad. "Vengo de un mundo donde no somos del todo chilenos, franceses ni españoles", dice Gumucio, quien también ha residido en España y en Estados Unidos. Y sigue explorando su pasado de nómada. Su nueva novela, Milagro en Haití(Literatura Random House, 2015), se basa en otra experiencia familiar. En ese país caribeño residió su madre, un tiempo en que vivió un golpe de Estado y una severa infección tras una operación estética, los puntos de partida de la novela. Pero él asegura que las coincidencias acaban ahí y todo lo demás es ficción.
Lina Meruane también sale de su país pero no de sus raíces familiares en Volverse palestina (Literatura Random House, 2015), la crónica de su viaje al pueblo de sus abuelos, en Cisjordania. Una estancia que despertó en ella una "conciencia más política de lo palestino", y que le hizo fijarse más en el violento presente que en la nostalgia del origen.

Otros episodios negros

Y es que no solo de la dictadura y de la transición escriben los jóvenes autores chilenos. A sus 28 años, Diego Zúñiga (Iquique, 1987) ha tenido éxito con su segunda novela, Racimo (Literatura Random House, 2015), un relato en torno a la desaparición de más de una decena de chicas adolescentes que estudiaban en un colegio en Alto Hospicio, en el desértico norte de Chile. Aquel episodio aún duele: los familiares de las víctimas se toparon con la incomprensión, desidia e incompetencia de las autoridades (un miembro del Gobierno llegó a sugerir que las chicas se habían fugado y lo relacionó con su "promiscuidad") hasta que se descubrió que era un psicópata el que estaba detrás de 14 muertes en la zona. Sin pretenderlo, a Zúñiga le salió una novela negra -él dice que no es autor de género-, ambientada en un lugar desolador e inquietante, donde además se ubicaba una fábrica de armas de racimo, hoy prohibidas. "El cementerio perfecto", explica Zúñiga. "No me interesaba el asesino en serie, hablo de la herida del país, que está lleno de casos así".
La poeta Gloria Dünkler. / R. DE Q.
Si Zúñiga nos lleva al lejano norte de Chile, donde nació, la poeta Gloria Dünkler (Pucón, 1977) es del extremo sur. Y sus historias se sitúan en esa tierra fría y remota pero se remontan un siglo atrás. Tras la independencia, miles de colonos alemanes fueron asentados en el sur para garantizar la consolidación de ese territorio; los indígenas mapuches, a su vez, fueron desplazados a los cerros, porque no se les consideraba aptos para el trabajo agrario. En ese contexto se sitúan sus dos poemarios: Füsche von Llafenko(Ediciones Tácitas, 2009) y Spandau(2012). El primero se centra en el desencuentro entre alemanes y mapuches. En el segundo, se habla de los criminales de guerra nazis refugiados allí, como Walter Rauff, reclamado por Alemania y a quien Allende no fue capaz de extraditar. La tercera entrega, que se llamará Yatagan, aborda un asunto polémico: la matanza, el 5 de septiembre de 1938, de unos 60 jóvenes nacistas (con c, variante autóctona de la ideología hitleriana) al aplastarse un conato de revolución pretendidamente nacional-socialista.
"Es un tema tabú, incómodo", confiesa la autora. "Fue una masacre pero, como las víctimas eran de tendencia nazi, no fue recordada. No está en el canon de lo políticamente correcto". La poeta, descendiente de alemanes y españoles, quiere combatir ese olvido. Pero asegura que inició esta serie sin otro objetivo que "una búsqueda personal, una indagación en la sombra del yo".

Fenómeno independiente

Dünkler, quien se expresa sorprendida por la repercusión de su obra, es un ejemplo de la pujanza de las editoriales independientes, una de las claves del momento literario chileno. Otro caso llamativo es el deNatalia Berbelagua. La joven escritora de Valparaíso (nacida en Santiago en 1985) alcanzó notoriedad con Valporno (Emergencia Narrativa, 2012) una colección de cuentos de sexo descarnado, que aborda lo más oscuro y sucio que ocurre puertas adentro en contraste con una sociedad en apariencia muy formal. Para su redacción se sirvió de ideas que dejaban internautas anónimos en su blog sobre erotismo. Valporno fue un grito punk, una provocación que salió del circuito de lo underground tras ser elogiada por Nicanor Parra(cuentos tan pornográficos como buenos, dijo el poeta). La autora creó allí a dos personajes llamativos, Elías y Alicia, una pareja que se trata sin ternura alguna y que revela que "la felicidad es una mentira".
Si Valporno trataba de la perversión hasta lo repulsivo, La bella muerte (2013) continuaba esa línea fijándose en la crueldad extrema. Sin embargo, su tercer libro, Domingo (2015), da un giro y aborda sus recuerdos de infancia, adolescencia y juventud en forma de diario íntimo y en un tono de gran melancolía. Berbelagua explica en una terraza de Valparaíso, ciudad portuaria y por tanto canalla, que lo suyo ha sido el "humor negro", inhabitual en la literatura chilena. "En Valporno quise golpear; era más joven y tiene la rebeldía de aquellos años. Domingo está hecha de microficciones que forman una historia completa". Y ahí destaca, de nuevo, una mirada nada inocente sobre la niñez: "Yo trato el horror cotidiano", dice. "La infancia como terreno feliz no es tal". 
Natalia Berbelagua, en Valparaíso. / DANIEL GUZMÁN
Como no todo lo alternativo se entiende bien, a Natalia Berbelagua le preguntan a menudo si es sadomasoquista, como a Gloria Dünkler algunos la miran mal por si es nazi. No todo el mundo supo leer sus obras.

Una mirada escéptica

Carlos Franz (Ginebra, 1959) no pertenece a esa oleada de veinte, treinta y cuarentañeros, sino a la generación que era madura durante la transición. Al pedirle opinión sobre los que van detrás, discute el concepto: "Hay gente muy diversa". Sí observa un cierto gusto por tendencias minimalistas, por una estructura muy tenue y delgada, pero eso, señala, ya se hacía en EE UU en los años sesenta. "No hay tendencias dominantes sino una ausencia de líderes. Como en la política", señala. Con esa reserva, elogia a Zambra por su "oído poético". Y lo enmarca en una tradición chilena de autores apegados al realismo y al intimismo. Porque el realismo mágico, remarca, "nunca prendió en Chile", con la única excepción de Isabel Allende, a quien considera casi caribeña "aunque ella no lo sepa".
Franz, que ha residido en Berlín (y en Madrid), sostiene que en Chile nunca se ha hecho una revisión del pasado como en Alemania, donde se interrogaron sobre su pasado "de forma compleja y no simplista". En Almuerzo de vampiros (Alfaguara, 2007), el autor sitúa a un estudiante en un submundo nocturno de pícaros que se ocultaba del toque de queda, donde topará con el fantasma de uno de sus mejores profesores, transformado en un buscavidas que habla una grosera jerga. El lenguaje como disfraz. Pero Franz nunca pretendió hacer una historia de la dictadura, sino que busca valores universales. En este caso: "Las bellas palabras e ideas no valen nada ante la mierda que es este mundo".
Y Franz advierte contra las lecturas críticas de la transición iniciada en 1988 que abundan hoy. "La transición chilena fue algo extraordinario. Sin un tiro, sin una gota de sangre. Fue inclusiva y con éxito económico", sostiene. Pero admite que "la fórmula se ha vuelto insuficiente". Y observa, en un país agitado socialmente, "peligrosas tendencias populistas".
Carlos Franz, en la terraza de 'Le Flaubert', uno de los escenarios de su novela 'Almuerzo de vampiros' / R. DE Q.

La crisis chilena actual

Muchos de los autores jóvenes chilenos expresan cierta sintonía con el movimiento de protesta, encabezado por los estudiantes, que sacude el país desde 2011, el año en que el activismo se destapó a escala global. A las demandas sociales se ha sumado la denuncia de la corrupción tras un escándalo que ha implicado al hijo de la presidenta Bachelet, cuya valoración popular ha caído en picado.
Es rotunda en su visión Alia Trabucco: "La crisis en Chile ha sido una bendición. Se ha destapado cómo se ha hecho política. Chile es una gran fractura social, en la que todos compiten con todos". La autora cree que la sociedad se ha levantado contra el "ultracapitalismo", herencia de la dictadura nunca cuestionada. Desde las aulas, Zambra pone el foco en el drama de los estudiantes obligados a endeudarse de por vida para pagarse la universidad, lo que ve "aberrante". Las protestas, afirma, "tienen algo que ver con un cambio generacional y cierta autonomía de pensamiento". Pese a todo, dice mantener esperanzas en la reforma de la Constitución -aún rige la que dejó Pinochet, aunque enmendada- que prometió Bachelet.
Gumucio admite que vio con esperanza el inicio de las movilizaciones, pero teme "su deriva y la reacción de la derecha sociológica, que es temible". En un pulso cada vez más crispado, "todo el mundo está siendo desenmascarado, y al que no le importe ser un monstruo ganará". Zúñiga sostiene la idea de que en 2011 se despertó dormido. "La transición pareció muy ordenada y que dejaba un país próspero, pero no estábamos tan bien". Aunque se muestra humilde: "Es cómodo hablar mal de la transición cuando uno no la vivió realmente".
El librero Sergio Parra analiza a estos autores en función de su momento político: "Es una generación muy honesta. Han hecho la transición a la adultez en una sociedad sin transparencia y sin autoridad. Es curioso: sus padres venían de lo autoritario, ahora no hay autoridad".

¿Reproche a los padres?

Lina Meruane / CRISTIAN MATTA
En la construcción de un nuevo discurso sobre la dictadura por parte de los que eran niños está implícito un cierto reproche a la versión anterior, la de sus padres. Pero los autores que han pasado los cuarenta años, muchos padres a su vez, quieren evitar ese choque. "Me siento en paz con ellos. Logro entenderlos", afirma Nona Fernández. Para Alejandra Costamagna, en los libros de los autores de su edad se escucha "la voz del hijo como la de un detective. Pero no ya haciendo un ajuste de cuentas con sus padres, sino poniéndonos en su lugar".
Gumucio es más directo: "Yo ya pasé la etapa de reproche y ahora estoy en la etapa de ser padre y culpable yo". Este autor cree que en vez de mirar a otros, lo nuevo es una literatura de "qué hicimos nosotros", en la que cada uno se responsabilice por haber sido parte "de un falso paraíso, de ese país en crecimiento pero muy desigual".
Para Lina Meruane, los autores de su generación "portan cierta culpa de sobrevivencia o incluso de privilegio cuando los padres y madres estuvieron a favor del régimen. Por mucho tiempo parecía que todos las novelas o los testimonios eran escritos por los mártires, o por los hijos de esos héroes de la izquierda, pero esa escena empieza a trizarse, se ha vuelto más compleja y en cierta medida, no siempre, más interesante". Como Alejandro Zambra, que no ha dudado en narrar sus desencuentros con sus padres derechistas.
En Formas de volver a casa Zambra lo explica con belleza: "No quiero hablar de inocencia ni de culpa; quiero nada más que iluminar algunos rincones, los rincones donde estábamos. Pero no estoy seguro de poder hacerlo bien. Me siento demasiado cerca de lo que cuento. He abusado de algunos recuerdos, he saqueado la memoria y, también, en cierto modo, he inventado demasiado".

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viernes, 3 de julio de 2015

La última frontera de las refugiadas

En Estambul acaban miles de mujeres que escaparon de guerras y conflictos


Solas y sin papeles, sus expectativas de prosperar son escasas



Farinaz Nahjoob, iraní refugiada en Estambul, estuvo en la cárcel más de dos años por convertirse al cristianismo. / SUSANA GIRÓN



Maha Alwande trabajaba como periodista en Irak antes de llegar a Estambul. Ahora vive como refugiada en el barrio de Kumkapi, un vecindario repleto de inmigrantes kurdos a las afueras de la capital económica de Turquía. En su apartamento, junto a las paredes desnudas y mal pintadas en color crema, se amontonan desordenadas tres maletas entreabiertas, una televisión, ropa y un par de mantas apelmazadas. Vive allí desde hace tres meses con sus dos hijos de seis y ocho años, pero bien se podría pensar que acabara de llegar. Maha decidió huir de Irak con los niños y cruzar la frontera turca de manera ilegal. Las amenazas de muerte de su ex marido fueron el detonante. La idea original era escapar a la mítica ciudad de Estambul y desde ahí cruzar a Europa: Grecia, Alemania, Reino Unido… Empezar de nuevo lejos del miedo y la opresión.

El sueño se desvaneció rápidamente cuando comprobó que ella era una más entre los millones de refugiados que acoge Turquía y comprobó que los programas de acogida en terceros países de asilo se demoran años. Y peor aún: en muchos casos nunca llegan. “No quiero ver crecer a mis hijos en un país que me trata tan mal”, confiesa. “Esto es un infierno para los refugiados, pero no puedo volver a Irak. Allí me tratan como una animal porque soy madre soltera y divorciada”.
La mujer ha gastado todos sus ahorros en pagar el alquiler del apartamento. Ya no hay para más: en cinco días tendrá que abandonar la vivienda. Ha pagado la renta por el mes completo, pero la propietaria ha encontrado otro inquilino y ha decidido expulsarla del piso con 10 días de antelación, a pesar de tenerlos pagados. Todavía no sabe donde irá. Además de todo eso, sabe que la dueña del piso entraba a escondidas cuando ella salía de casa para robarle. “Tras mucho rogarle y reclamarle la injusticia que estaba cometiendo, la propietaria me ofreció quedarme cinco días más si mantenía relaciones sexuales con su hermano, algo a lo que me negué en rotundo. No tengo opción de denunciar lo ocurrido. Lo único que puedo conseguir es que me expulsen del país”.
La excepcional situación geográfica de Turquía —con más de 11.000 kilómetros de fronteras permeables por todo el país con Siria, Irak, Irán y el Cáucaso— constituye una alternativa atractiva  para los que emigran ilegalmente frente a las grandes dificultades de superar las fronteras de Grecia, España o Italia, fuertemente custodiadas. Con un número tan alto de personas en situación irregular, muchos intentan sacar provecho de la debilidad y posición de total indefensión, y no hay posibilidad de reclamar. Simplemente porque denunciar los abusos puede implicar también la deportación inmediata del país, para muchas un castigo aún mayor que el que soportan. El Gobierno turco, en el momento de firmar la Convención Internacional sobre los Refugiados en 1951, exigió una condición: solo aceptaría a aquellos provenientes de países europeos.
El resto sólo serían aceptados temporalmente hasta encontrar a un tercer país que los acogiese. La Agencia Europea de Apoyo al Asilo (EASO) en su último informe anual sobre la situación del Asilo en la Unión Europea —en el que se recogen cifras, estadísticas y análisis sobre Protección Internacional en la UE durante el año 2013— no deja lugar a dudas: de un total de 435.760 personas que solicitaron protección internacional en el conjunto de la UE, más de 352.000 todavía estaban esperando a finales de 2013 una decisión sobre su solicitud.
La mayoría de refugiadas  llegan con traumas psicológicos y físicos, sin dinero y sin conocer el idioma
Hanna B. cooperante de MSF
Historias como la de Maha son tristemente frecuentes entre las mujeres refugiadas que acoge la ciudad de Estambul. La mayoría llega huyendo de los conflictos que asedian sus países de origen, pero también hay quienes huyen por motivos religiosos o persecuciones políticas desde regímenes dictatoriales en los que ellas, de nuevo, son el punto débil. Unos 103.000 refugiados iraquíes se registraron en sus oficinas de Turquía en 2014 según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Hablamos sólo de iraquíes, cuyo número se ha doblado por la presencia del Estado Islámico.
El número de refugiados sirios en Turquía supera ya el millón y medio de personas. Se estima que el 80% son mujeres y niños, sin duda la comunidad más vulnerable. La saturación en los campos de refugiados hace que muchas de ellas decidan seguir por su cuenta hasta Estambul, en un último intento utópico de cruzar la frontera griega. No hay cifras exactas, pero recientemente el gobernador de Estambul, Hüseyin Avni Mutlu, estimó el número de desplazados sirios en la ciudad en 67.000. La cifra que podría llegar al millón si consideramos el resto de nacionalidades: iraquíes, iraníes, afganos, armenios, uzbecos, africanos… Para la Organización Internacional de las Migraciones está probado que más de la mitad de los que llegan quiere seguir camino hacia Europa sin demora, aunque muy pocos lo consiguen.
Rahna es una joven siria que colabora como intérprete para la ONGMédicos Sin Fronteras en el popular barrio de Kurtulus. Allí acaban de establecerse las familias de Fátima y Sahara, hermanas, y sus 13 familiares. Rahna acude para ver como se encuentran y ofrecerles algo de información. “Los gobiernos e instituciones muchas veces sólo reparan en los refugiados que viven en los campos”, comenta Rahna. “Pero se olvidan de los que hay en las ciudades, sin apenas recursos. Tenemos que hacer saber de su existencia”. Fátima y Sahara sólo llevan 15 días en Estambul. Todavía con el desconcierto en el rostro, relatan la tortuosa huída a pie desde Alepo obligadas por un conflicto que ya ha cumplido cuatro años. Tienen un sobrino que trabaja como informático y les ha proporcionado asilo temporal en su casa, un apartamento de 60 metros cuadrados en el que viven 17 personas. Entre ellos, cinco niños que no pueden ir al colegio.
Una familia de refugiados sirios, en su apartamento de 60 metros cuadrados en Estambul. /SUSANA GIRÓN
“El día que cruzamos la frontera turca fue el más largo de mi vida”, recuerda Sahara. “Corríamos desesperados con los niños de la mano. Vinimos huyendo, pero aquí no es mucho mejor. Somos inmigrantes irregulares, no tenemos futuro. Queremos volver a Alepo. Pero todas nuestras casas y negocios han sido destruidos por la guerra. Uno de mis hijos está luchando en el bando rebelde. Hace meses que no sé nada de él”. Hoy es la cena que pone fin al mes del Ramadán: típicas delicatesen de la buena cocina de su país atesta la mesa. Fluye una conversación distendida, bromas entre aparente normalidad. Todos ríen. Un ambiente entrañablemente familiar que se interrumpe súbitamente cuando suena en el móvil de Zacaría, el marido de Sahara, una llamada desde Siria.
A pesar de que los inmigrantes son atendidos por la Oficina de Ayuda a los Refugiados de las Naciones Unidas, el registro como refugiados tan sólo implica que puedan estar legalmente en el país de manera temporal. No otorga de ninguna manera el derecho a trabajar o el acceso a servicios sociales tan básicos como la sanidad o la educación. Los refugiados viven en un limbo del que las mafias de crimen organizado sacan partido: venta de pasaportes falsos, explotación laboral, prostitución... Los pocos afortunados que encuentran un trabajo lo hacen obteniendo un salario ridículo o abusivo, hasta seis veces menor del que tendría un trabajador turco.
Muchos intentan sacar provecho de la debilidad y posición de total indefensión de los refugiados
La posibilidad de comprar pasaportes falsos es remota y las mafias piden más de 1.500 euros por cada uno de ellos. La única posibilidad de escapar a países de la Unión Europea era a través de la frontera griega, pero esta porción de territorio ha quedado blindada por los respectivos gobiernos que han erigido vallas de más de tres metros. Eso ha llevado a las mafias a establecer nuevas rutas por mar, especialmente el Egeo. En 2014, la guardia costera turca interceptó a 12.872 personas en estas aguas camino de Europa. Hasta febrero, ya van más de 1.400. El pasado 19 de abril las autoridades turcas rescataron a otras 25 personas que trataban de llegar a la isla de Samos. Muchas mujeres con sus hijos no se atreven a exponerse a un viaje tan peligroso y con tan pocas posibilidades de éxito. Así, sin posibilidad de volver a sus países de origen, deciden quedarse en Estambul, al abrigo de la caridad de algunas ONG como Cáritas o diversas instituciones religiosas.
Jana B. ha trabajado durante años coordinando la actuación de MSF en Estambul. Esta joven alemana conoce bien la situación. “La verdad es que las ONG no podemos hacer mucho”, reconoce. “Facilitamos asistencia sanitaria básica y apoyo psicológico, pero no es suficiente. El gran reto es que se decidan a pedir ayuda, especialmente las mujeres. Normalmente tienen miedo a que se les expulse del país y permanecen ocultas, muchas de ellas abocadas a la mendicidad. Ellas son las peor paradas. Tienen hijos a su cargo, la gran mayoría llegan aquí con unos traumas psicológicos y físicos importantes, sin dinero y sin conocer el idioma. Algunas no salen de las casas de acogida por el miedo. Estar aquí es un callejón sin salida pero retornar a sus países de origen es aún peor”.
La situación de la iraní Farinaz Mahjoob no difiere mucho de las anteriores. Relata su historia con desgarro y fragilidad, con la esperanza de que la difusión de su testimonio ayude a mejorar su situación. Farinaz se convirtió al cristianismo en un país de gran mayoría musulmana. Pagó su osadía con torturas y dos años de cárcel. Lo primero que hizo cuando recuperó la libertad fue ir a Estambul en busca de un lugar seguro y lejos de las amenazas de muerte. Fue repudiada incluso por algunos miembros de su propia familia. Sus enormes ojos negros se llenan de lágrimas cuando recuerda a su madre que continúa en Irán. Ella es la que le envía mensualmente la ayuda económica que le permite vivir en Estambul. Con 43 años, padece una profunda depresión, fruto de las secuelas de su paso por la cárcel. Intenta controlar la ansiedad y la tristeza con un cóctel de más de cinco pastillas diarias. “Sueño con terminar mis estudios en Medicina que dejé inconclusos en 2012 y volver a Irán, sin miedo”, explica. “No soporto la idea de no poder ver a mi madre. Ella también se ha convertido al cristianismo, pero lo lleva en secreto”. Su gran esperanza es que el régimen iraní cambie para volver a su casa y retomar su vida.

 Estambul //http://elpais.com/elpais/2015/06/02/planeta

Las guardianas del Salto Ángel

Miles de turistas visitan la selva venezolana en busca del mayor salto de agua del mundo

Las indígenas de la región han creado nuevos modelos de trabajo

Quieren plantarse ante la minería ilegal y la emigración de los más jóvenes



Eulalia Sandoval diseñó una ruta por el interior del Auyantepui. / JESÚS YÉPEZ/GABRIELA AGUERREVERE/JUAN CARLOS GONZÁLEZ




El cuerpo diminuto de Petra Cataneo avanza con rapidez por el interior de una selva que alcanza los 35 grados centígrados. En sus manos lleva un enorme cuchillo que desliza sin miramientos entre las ramas indisciplinadas que brotan de algunos de los árboles. Son las nueve de la mañana y esta mujer ya ha enviado a sus hijos a la escuela, limpiado la casa, preparado los alimentos, navegado más de 20 kilómetros de río en una improvisada embarcación de madera y, por último,  recorrido durante dos horas el camino que la lleva hasta Turaradem.
Turaradem es un extenso huerto situado en el Valle de Kamarata que reposa a los pies del Auyantepuy, esa gigante montaña del sur de Venezuela que en tamaño equivale a Menorca. Es cuna del Salto Ángel, la caída de agua más alta del planeta. Es desde este trozo de tierra fértil donde mujeres como Petra han comenzado uno de los 25 proyectos que buscan generar trabajo para los indígenas de la etnia pemón.
Petra está recuperando las tierras como Turaradem y las técnicas de cultivo heredadas por sus ancestros para reactivar la agricultura en la región, un proceso que genera trabajo a los más jóvenes, produce alimentos en un país con alto porcentaje de escasez y estimula la economía local entre las familias.
Para esta pemona, lo importante es que la cultura indígena no continúe disolviéndose entre dos grandes amenazas que ensombrecen el futuro de la etnia: la minería ilegal y la emigración de los jóvenes a las ciudades, donde en el mayor de los casos terminan en situación de indigencia o en trabajos explotadores. El Ministerio del Poder Popular de Petróleo y Minería ha publicado unas cifras que consolidan la preocupación de Petra. Cada año, las empresas ilegales que operan en el país logran extraer toneladas de oro al exterior valoradas en unos 280 millones de euros.
Es una realidad que tiene a la comunidad dividida y al territorio herido. Los campamentos de minería ilegal trabajan a toda marcha en el corazón de la selva y avanzan como picoteos salvajes cada vez más cercanos al sagrado Auyantepuy. Un sobrevuelo basta para conocer cómo la minería acecha a las comunidades y recluta a cada más indígenas, quienes son contratados con sueldos equivalentes a los 150 euros por semana en un país en el que el salario mínimo asciende a los 80 euros al mes.
Es una lucha de David contra Goliat. Pero Petra no está sola: a este movimiento se han sumado más mujeres y familias de las comunidades vecinas que han comenzado pequeños proyectos en el que unifican las tradiciones con las necesidades actuales.
Las empresas mineras reclutan indígenas pagándoles el doble del salario mínimo del país
Hortensia Berti tiene el liderazgo de haber sido una de las primeras mujeres en asumir el cargo de capitana de la comunidad de Kamarata, una silla que había pertenecido desde hace siglo a los hombres más cultos de la etnia. Hortensia ha visto cómo cada vez más jóvenes dejaban la selva para ir a la ciudad o a los campos mineros, así que, sin titubear, forma parte de esta iniciativas colectivas. Ella regenta un hostal de turismo ecológico que pertenece a toda la comunidad, cuyos puestos de trabajo y beneficios son repartidos de manera igualitaria entre las familias. "Nuestra lucha es convencer a nuestros jóvenes que irse a las minas significa acabar con la tierra que los dioses nos han prestado, y que el turismo responsable es una opción más coherente para aprovechar el lugar en el que vivimos", asegura la mujer.
Y es alrededor del turismo responsable desde donde surgen la mayoría de los proyectos. Es un punto fuerte en esta región de Venezuela y los indígenas quieren retomar el control de sus tierras frente a la oleada de turistas que llegan cada día a fotografiar al Auyantepuy.
Eulalia Sandoval se fue a la ciudad para estudiar, y a los años volvió con un título de administradora en su maleta. Ella es uno de los rostros más jóvenes de este grupo de mujeres y su madre Inés es una de las mayores, con 70 años a cuestas. Entre ambas han puesto en marcha un sistema de visitas a las imponentes cascadas que gotean con fuerza en el interior del Auyantepui, donde los turistas conocen de mano de los propios indígenas las leyendas pemonas.
Inés además lidera el huerto que produce los alimentos que van a parar a estos hostales ecológicos. Es la abuela de la comunidad, un título que le concede el trabajo de traspasar a los más pequeños la cultura indígena. Ella lo hace cada día a través de la música, por eso es que una escena común es escucharla cantar ante la mirada acostumbrada de los niños que la rodean.
"Ya las niñas no saben hacer hilos", asegura la anciana. "Antes nos preparaban para saber llevar una comunidad, nuestras madres y abuelas nos enseñaban a hacer el hilo, a tejer hamacas. Ahora las niñas van al mercado y compran un rollo de nylon. Por eso ahora hay que trabajar más fuerte en trasmitir los valores de quienes somos, ser los guardianes de nuestras tierras".
Todos estos emprendimientos ya cuentan con un programa de autofinanciación. Este sistema nace de la Fundación Esteban Torbar, una organización venezolana que creó el programa llamado EPOSAK(en lengua pemona significa logro) y que desde hace tres años consigue el dinero entre la ciudadanía para financiar las iniciativas de los indígenas.
La mayoría de los proyectos de comunidades indígenas surgen en torno al turismo responsable
Karem Pérez es una de las voluntarias de EPOSAK. Ella abandonó su puesto en una gran empresa multinacional para apostar por este proyecto en el país. Ahora esta emprendedora viaja varias veces al año desde Caracas hasta la selva para trabajar un plan de desarrollo de estas iniciativas comunitarias con indígenas como Eulalia, Petra o Inés. "Lo que nos mueve es trabajar por un desarrollo sostenible con el ambiente que prevalezca y preserve sus tradiciones. Nosotros trabajamos un plan de negocio, colgamos el proyecto en nuestra web, los ciudadanos hacen un préstamo y luego la emprendedora cumple con el plan de repago una vez que su negocie esté en marcha", describe. "Las cifras son reveladoras, cada emprendedora ha cumplido al 100% con el repago con total éxito".
Las mujeres pemonas continúan generando nuevos proyectos que ya representan una fuente de trabajo para jóvenes como Amalia, quien luego de una dura temporada de trabajo doméstico en el norte del país volvió a la selva con la oferta de fabricar mermeladas de piñas, un producto que nace del huerto de Petra. "En la ciudad nació mi hijito", cuenta. "Los dueños de la casa donde trabajaba lo maltrataban, así que no dudé en volver cuando supe que en Kamarata había oportunidad de trabajo".
Amalia recuperó la receta de sus antepasados, recicla recipientes de vidrio por la comunidad y vende estas mermeladas a los turistas y familias que llegan a la región. Hoy cumple con un nuevo repago, ella ha reinvertido sus primeras ganancias en comprar un equipo para imprimir las etiquetas de su producto.
Petra confía en que casos como los de Amalia se multipliquen. La selva para ella es una herencia, y por ello sentencia sin miramientos, que la única forma de sobrevivir es mantenerse firme para protegerla.

 Bolívar (Venezuela) //http://elpais.com/elpais/2015/07/02

Influyentes economistas toman partido en el referéndum griego

Los argumentos de importantes académicos, tres de ellos premios nobel, a favor de la opción del sí o del no



Propaganda pidiendo el 'Sí' para el referéndum tachada por partidarios del 'No' / THANASSIS STAVRAKIS (AP)



La convulsa situación que se vive en Grecia, inmersa en un ‘corralito’ financiero y en el intento de alcanzar un acuerdo de tercer rescate con la Eurozona, ha provocado que algunos de los más influyentes teóricos de economía se hayan posicionado en uno u otro lado en el referéndum del próximo domingo. Estos economistas, entre los que destacan tres premios Nobel, argumentan el porqué de su decisión así como las posibles consecuencias que conllevaría para el país heleno y su población el hecho de decantarse por el ‘sí’ o por el ‘no’ en la consulta.

A favor del no

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Joseph Stiglitz, nobel de Economía 2001: “Las condiciones impuestas a Grecia son indignantes”

El teórico estadounidense ha defendido claramente el ‘no’ en el referéndum en diversas entrevistas y artículos publicados en los últimos días. Pese a reconocer que es complicado aconsejar a los griegos, Stiglitz no tiene dudas de que un ‘sí’ en la consulta “significaría una depresión casi interminable” y solo llevaría a Grecia a una crisis más profunda, tal y como afirmó en su artículo ‘Obligar a Grecia a ceder’ publicado en ‘El País’ y The Guardian.
Stiglitz cree que  la antigua troika (BCE, FMI y Comisión Europea) tiene una importante responsabilidad en la situación de crisis que atraviesa el país. Sin exculpar a Grecia, defiende en una entrevista en BBC Mundo que Europa debió apostar en el año 2010 por un plan de deuda que devolviera al país a la senda del crecimiento en lugar de adoptar unas medidas que dieron paso a una etapa de austeridad que da por fracasada. Para culminarla, apuesta por decir ‘no’ a unas condiciones que tacha en la misma entrevista como “indignantes y un ataque para la democracia”.
El ‘no’ que, tal y como reconoce en el artículo citado, podría abrirles la puerta a un futuro que “aunque no tan próspero como el pasado” será “más esperanzador que el inadmisible tormento actual”. Una situación que para Stiglitz ha llegado por culpa del programa económico impuesto por la Troika y cuyos resultados, entre los que se encuentran un descenso del 25% del PIB nacional o una tasa de paro juvenil del 60%, han sido “terribles”. En definitiva, un rechazo rotundo a un ‘sí’ que solo agravaría la crisis del país heleno.
Joseph Stiglitz es economista y profesor estadounidense. Logró el Premio Nobel de Economía en el año 2001. Antes, en 1979, recibió la medalla John Bates Clark. 'El precio de la desigualdad' es una de sus obras más importantes. Es execonomista jefe del Banco Mundial.
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Paul Krugman, nobel de Economía 2008: "Grecia debe votar 'No"

Todavía más contundente que Stiglitz se muestra Paul Krugman, quien en su artículo ‘Grisis’ publicado en ‘The New York Times’, afirma con rotundidad que la población helena debe decidirse por el ‘no’ en el referéndum del domingo y que el gobierno de Tsipras debe estar preparado para abandonar el euro si fuera necesario. El motivo, la postura de la Troika. El Premio Nobel de Economía considera que la austeridad impuesta a Grecia en los últimos años ha sido la causante de esta situación y que por lo tanto el ‘sí’ supondría "una prolongación indefinida del momento actual".
Por ello, los ciudadanos griegos deben decir 'no' y rechazar al que ha sido el causante del desplome de la economía helena desde el año 2010, cuando comenzaron los recortes del gasto público, los aumentos de los impuestos y demás medidas austeras que solo provocaron una enorme reducción de la recaudación, tal y como explica el teórico estadounidense en su columna.
En ella, critica a la troika su actitud de extrema dureza y su decisión de aplicar una mayor dosis de austeridad, rechazando las medidas de un Tsipras para el que pide el apoyo del pueblo griego. Pese a afirmar que el ‘Grexit’ no es un efecto automático del 'no', argumenta que no sería una vía tan catastrófica como hace ver la eurozona, puesto que "las consecuencias más temidas serían el cierre de bancos y el control de capital", algo que ya se ha dado con el ‘corralito’ financiero impuesto el lunes.
Paul Krugman es premio Nobel de Economía en el año 2008 y ganador del Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2004. Actualmente es profesor de Economía y Asuntos Exteriores en la Universidad de Princeton y columnista de ‘The New York Times’.

Postura intermedia

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Thomas Piketty: "La salida de Grecia del euro sería el principio del fin"

El economista francés desglosa y argumenta con dudas su posición respecto al referéndum del próximo domingo. Sin decidirse por el 'no' como hacen Stiglitz o Krugman, Piketty considera en una entrevista a Efeque el plan puesto en marcha por los acreedores es “malo y recesivo” y que por lo tanto es absolutamente negativo para Grecia. Piketty considera que el ‘no’ nunca debería suponer la salida de Grecia del euro, un escenario al que augura consecuencias catastróficas.
Por otro lado, entiende a aquellos griegos que voten 'sí’ por miedo a las “amenazas de expulsión” recibidas por la Troika y a la “política de asfixia del Banco Central Europeo”. Unas amenazas que no considera nada creíbles, ya que para Piketty “la salida de Grecia sería el principio del fin” para una Europa que se quedaría en una posición mucho más frágil. Por tanto, en la entrevista, el francés considera que es una utopía pensar que la zona euro está preparada para la marcha de cualquier miembro y aboga por el diálogo y la reestructuración del conjunto de deudas sea cual sea el resultado del referéndum.
Thomas Piketty es economista francés y autor del conocido ensayo El capital en el siglo XXI. El impulsor de la Escuela Económica de París es profesor en ese centro y en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París. Fue galardonado con el premio Yrjö Jahnsson en el año 2010.

A favor del sí

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Christopher Pissarides, nobel de Economía 2010: "El 'no' podría dejar a Grecia fuera del euro"

Pissarides cree que la única salida viable para Grecia pasa por un ‘sí’ de los ciudadanos en el referéndum del día 5 de julio. El Premio Nobel considera que el gobierno de Tsipras ha tomado decisiones equivocadas, como "retrasar el control de capitales o negar la existencia del pánico a la fuga de capital", tal y como reconoce en una entrevista en Deutsche Welle. Además, critica la forma de llevar las negociaciones por parte del primer ministro griego, quien debería haber negociado con más insistencia ciertas medidas impuestas por la eurozona. En la entrevista, advierte de que un 'no' "podría dejar a Grecia fuera del euro mientras que el 'sí' asegura su permanencia".
Pese a ser partidario del ‘sí’ en la consulta, no está a favor de las exigencias de la Troika, a quien también critica. En una columna que escribió en The Guardian, Pissarides afirma que cualquier medida de austeridad es "negativa no solo para Grecia sino también para toda la Unión Europea"y que lo único que ha provocado es agravar la situación griega así como "generar una división en Europa". Por ello, anima a los dirigentes europeos a ser más benévolos en ciertos puntos, renegociar la deuda y hacer ver así a Grecia que quieren mantenerse unidos.
En ambos medios pide a los helenos que apuesten por el ‘sí’ para solucionar su crítica situación. Por otro lado, si llega el ‘no’ augura a Grecia un enorme distanciamiento de Europa, un retroceso y un mayor aumento de la recesión.
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247 profesores de economía de universidades griegas abogan por el 'sí' en una declaración conjunta

La crítica situación vivida en Grecia y la convocatoria del referéndum provocó que 247 profesores de economía de diversas universidades del país se juntaran para publicar una declaración firmada en la que piden el ‘sí’ para Europa a la población griega, haciéndoles ver las graves consecuencias que conllevaría la victoria del ‘no’ y la posible salida de la Eurozona. Este grupo de profesores defiende en su manifiesto que este ‘no’ siempre sería peor que pagar la deuda y sentarse a negociar y pactar con el resto de socios de Unión Europa y el FMI.
Además, la negativa a Europa supondría unos efectos “económicos, sociales, políticos y geopolíticos desastrosos” y una serie de consecuencias funestas a corto y medio plazo que han querido hacer llegar a la población griega:
"Consecuencias a corto plazo: Cierre de los bancos, corte en el valor de los depósitos, notable descenso del turismo, escasez de productos básicos y materias primas, mercado negro, hiperinflación, quiebras, gran aumento de la tasa de desempleo, rápida bajada de los salarios y del valor real de las pensiones, profunda recesión, disturbios sociales y graves problemas en el funcionamiento de la sanidad pública".
A continuación, detallan los efectos a medio plazo: "aislamiento internacional, falta de acceso al mercado internacional de capital durante varios años, crecimiento bajo e inversión anémica, enorme desempleo combinado con altas tasas de inflación, suspensión del flujo de fondos estructurales de la Unión Europea, importante disminución del nivel de vida, deficiente prestación de bienes y servicios públicos básicos". 
Consideran que todas estas consecuencias no deben producirse tras los graves sacrificios realizados por el pueblo griego en los últimos años ni tampoco en un momento en el que la situación económica estaba empezando a recuperarse. El manifiesto culmina con la petición al pueblo heleno de un ‘sí’ que les asegure mantenerse del lado de la Unión Europea y la eurozona.

Hollande rechaza en minutos la demanda de asilo de Julian Assange

El presidente argumenta que el fundador de Wikileaks no está en peligro



Francia ha tardado menos de una hora en rechazar de plano la petición de asilo planteada por Julian Assange, fundador de Wikileaks, acogido en la embajada de Ecuador en Londres desde 2012. El presidente francés, François Hollande, considera que la situación de Assange no presenta “un peligro inmediato” y que, además, existe una orden europea de arresto contra él, cuya extradición ha pedido Suecia por un caso de presuntos abusos sexuales.
Assange ha planteado este viernes la petición a través de una carta enviada en paralelo a Hollande y al diario Le Monde. Este diario la ha publicado poco después de las 11.00 horas y, antes del mediodía, el palacio del Elíseo ha difundido su rechazo pese a que en el correspondiente comunicado señala que la decisión de no acoger a Assange se ha tomado tras “un examen profundo” de su petición.
En la carta de Assange, enviada a Hollande y “al pueblo francés”, el fundador de Wikileaks asegura que se encuentra “amenazado de muerte” desde que su organización difundió en 2010 el vídeo tituladoCollateral murders en el que se observaban los disparos mortales desde un helicóptero estadounidense en Irak. Entre los fallecidos, ninguno de ellos armado, hubo dos periodistas.
El periodista australiano, que precisamente este viernes cumple 44 años, comenta que desde hace tres años vive en un espacio de 5,5 metros cuadrados en la embajada de Ecuador.
Para Assange, la Constitución francesa “obliga a Francia a acoger a los combatientes por la libertad amenazados de muerte”. Comenta, además, que varias personalidades francesas, entre las que menciona a la ministra de Justicia, Christiane Taubira, han sugerido en el pasado que París podría darle acogida. “Acogiéndome, Francia demostraría un gesto humanitario” y enviaría una señal de ánimo “a los periodistas y filtradores que arriesgan su vida a diario para permitir que los ciudadanos conozcan datos sobre la verdad”.
“Solo Francia está en condiciones de ofrecerme la necesaria protección contra las persecuciones políticas de que soy objeto”, agrega Assange, quien recuerda que su hijo pequeño tiene nacionalidad francesa.
La demanda del fundador de Wikileaks se produce solo una semana después de que su organización difundiera documentos clasificados de los servicios secretos de Estados Unidos según los cualesWashington ha espiado a los tres últimos presidentes de Francia.
Wikileaks ha precisado a través de su cuenta en Twitter que Assange no ha pedido “expresamente” asilo en Francia. Probablemente, no ha tramitado la petición formal, pero la demanda es explícita en su carta.


 París //http://internacional.elpais.com/

El asesinato de dos periodistas sacude México

Las muertes de los reporteros ponen al país de nuevo frente al espejo de la terrible inseguridad para los que ejercen esa profesión



Filadelfo Sánchez y Juan Mendoza, asesinados. / FACEBOOK


El periodismo avanza entre tumbas en México. Las últimas son las de Filadelfo Sánchez Sarmiento y Juan Mendoza Delgado. Al primero le esperaron a la salida de la redacción, al otro lo secuestraron en su coche. Un tiro y un atropello. Sus muertes, ocurridas en menos de una semana y en dos Estados cargados de crímenes contra la libertad de expresión, vuelven a poner a México frente al espejo de la terrible inseguridad que sufren los periodistas. Sólo en Veracruz y Oaxaca, donde se registraron los dos últimos casos, han matado a siete informadores desde 2014, casi la mitad que en todo el país. No hay parangón en América.
Filadelfo Sánchez Sarmiento dirigía la estación de radio La Favorita, en el municipio de Miahuatlán, en Oaxaca. El jueves, al salir de la emisora, fue sorprendido por dos sicarios. Siete balazos acabaron con su vida. Tanto la autoría como la causa permanecían ayer en la oscuridad. Pero Sánchez Sarmiento, el locutor estrella de La Voz de la Sierra Sur, había recibido, como sus compañeros, amenazas de muerte de poderes locales y el narco. El mismo monstruo oscuro que el pasado 2 de mayo secuestró, torturó y mató de cuatro tiros en la nuca al conocido locutor oaxaqueño Armando Saldaña Morales.
La última vez que se vio con vida a Juan Mendoza Delgado fue el martes pasado en la localidad veracruzana de Medellín Bravo. El periodista, que dirigía un modesto portal de noticias locales llamadoEscribiendo la verdad, se dirigía a cumplir su turno de taxista, trabajo que compatibilizaba con sus tareas informativas. El jueves por la tarde su cadáver fue hallado con signos de violencia. Supuestamente lo habían matado pasándole un coche encima. Su muerte fue considerada un asesinato por la organización de defensa de la libertad de expresión Article 19.
El crimen de Mendoza Delgado trajo a la memoria el reciente caso de Moisés Sánchez Crespo, el editor del pequeño semanario comunitarioLa Unión, en el mismo municipio.
También trabajaba como taxista y también denunciaba los supuestos abusos en la localidad. El pasado 2 de enero, nueve hombres armados y encapuchados irrumpieron en su casa. Delante de su mujer y sus hijos, le arrebataron el ordenador, la cámara de fotos y el teléfono móvil. Después, se lo llevaron. Ese mismo día fue degollado. La orden supuestamente había partido del jefe de la Policía Local y escolta del alcalde, principal sospechoso. A diferencia de otros casos, destinados al olvido, este desató una fuerte ola de solidaridad. La impunidad con que se perpetró el asesinato, pero sobre todo la macabra suma de casos en Veracruz, ante la indiferencia de las autoridades del Estado, gobernado por el polémico Javier Duarte, que intentó restar importancia al crimen alegando que era un taxista, detonaron una ola de protestas que culminaron con una durísima carta abierta de 300 intelectuales y 20 organizaciones y la decisión de los directores del encuentro cultural Hay Festival de cancelar su edición en Xalapa, capital de Veracruz.
Las dos nuevas muertes vuelven a confirmar lo que es un diagnóstico bien conocido. México, con 86 asesinatos desde 2000, es uno de los países más peligrosos del mundo para ser periodista. Y Oaxaca y Veracruz, sus puntos negros. “Esta ola de muertes es fruto de la impunidad. Hay actores políticos y criminales que aún ven la eliminación de periodistas como una solución a sus problemas, y se sienten con licencia para hacerlo. Lo demuestra que en Veracruz y Oaxaca hayan muerto más de la mitad de los periodistas asesinados desde 2014”, señaló Javier Garza, experto del proyecto Periodistas en Riesgo, de Freedom House.
Las víctimas escogidas por el narco o las autoridades suelen ser informadores modestos. Periodistas rebeldes de medios pequeños y sin capacidad de defensa. En la mayoría de los casos, según Garza, las muertes vienen precedidas del secuestro y la consiguiente tortura. Y las investigaciones pocas veces culminan en la detención de los verdaderos culpables. En estas condiciones, el ejercicio de la libertad de expresión se convierte en muchas zonas de México, como Tamaulipas o Veracruz, en una ficción. Y los propios diarios evitan las informaciones vinculadas al narco. A la muerte, el linchamiento o simplemente la amenaza, le sigue la autocensura. Es la ley del silencio. Y quien la rompe, paga. Las muertes de Filadelfo Sánchez Sarmiento y Juan Mendoza Delgado lo recuerdan.


 México //http://internacional.elpais.com/internacional

Un viernes a pura salsa...y de la buena!!!

Hoy de la mano de María del Huerto y su equipo de colaboradores, los esperamos en nuestro programa "Salsa...y de la Buena", dos horas con todo el sabor y color de la salsa!!!!



A partir de las 20.30 horas costa Este de USA., 21.30 horas de Argentina/Uruguay., 19:30 Ecuador, 18:30 El Salvador.

En cualquiera de los siguientes enlaces,nos pueden escuchar:

Nuestro enlace para móvil y tabletas
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32 AÑOS SIN AKIRA KUROSAWA

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