miércoles, 31 de julio de 2013

Cacique Guaicaipuro Cuatemoc

Discurso del cacique mexicano Guaicaipuro Cuatemoc ante la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea, el 8 de febrero de 2002.
Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatemoc, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace sólo quinientos años.
Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.
El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.
Yo los voy descubriendo.
También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.
¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!
¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!
¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.
Yo, Guaicaiputo Cuatemoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan "MarshallTesuma" para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.
Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos:
¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?
Deploramos decir que no.
En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.
Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente, hemos demorado todos estos siglos en cobrar. Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestro hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia. Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300.
Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra. Muy pesadas son esas moles de oro y plata.
¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?
Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo. Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.
Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica...

JUAN RULFO (México, 1918 - 1986 )

Es que somos muy pobres


Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaván, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada. 

Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río. 
El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera creído que se estaba derrumbando el techo de mi casa. Pero después me volví a dormir, porque reconocí el sonido del río y porque ese sonido se fue haciendo igual hasta traerme otra vez el sueño. 
Cuando me levanté, la mañana estaba llena de nublazones y parecía que había seguido lloviendo sin parar. Se notaba en que el ruido del río era más fuerte y se oía más cerca. Se olía, como se huele una quemazón, el olor a podrido del agua revuelta. 
A la hora en que me fui a asomar, el río ya había perdido sus orillas. Iba subiendo poco a poco por la calle real, y estaba metiéndose a toda prisa en la casa de esa mujer que le dicen la Tambora. El chapaleo del agua se oía al entrar por el corral y al salir en grandes chorros por la puerta. La Tambora iba y venía caminando por lo que era ya un pedazo de río, echando a la calle sus gallinas para que se fueran a esconder a algún lugar donde no les llegara la corriente. 
Y por el otro lado, por donde está el recodo, el río se debía de haber llevado, quién sabe desde cuándo, el tamarindo que estaba en el solar de mi tía Jacinta, porque ahora ya no se ve ningún tamarindo. Era el único que había en el pueblo, y por eso nomás la gente se da cuenta de que la creciente esta que vemos es la más grande de todas las que ha bajado el río en muchos años. 
Mi hermana y yo volvimos a ir por la tarde a mirar aquel amontonadero de agua que cada vez se hace más espesa y oscura y que pasa ya muy por encima de donde debe estar el puente. Allí nos estuvimos horas y horas sin cansarnos viendo la cosa aquella. Después nos subimos por la barranca, porque queríamos oír bien lo que decía la gente, pues abajo, junto al río, hay un gran ruidazal y sólo se ven las bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo; pero no se oye nada. Por eso nos subimos por la barranca, donde también hay gente mirando el río y contando los perjuicios que ha hecho. Allí fue donde supimos que el río se había llevado a la Serpentina la vaca esa que era de mi hermana Tacha porque mi papá se la regaló para el día de su cumpleaños y que tenía una oreja blanca y otra colorada y muy bonitos ojos. 
No acabo de saber por qué se le ocurriría a La Serpentina pasar el río este, cuando sabía que no era el mismo río que ella conocía de a diario. La Serpentina nunca fue tan atarantada. Lo más seguro es que ha de haber venido dormida para dejarse matar así nomás por nomás. A mí muchas veces me tocó despertarla cuando le abría la puerta del corral porque si no, de su cuenta, allí se hubiera estado el día entero con los ojos cerrados, bien quieta y suspirando, como se oye suspirar a las vacas cuando duermen. 
Y aquí ha de haber sucedido eso de que se durmió. Tal vez se le ocurrió despertar al sentir que el agua pesada le golpeaba las costillas. Tal vez entonces se asustó y trató de regresar; pero al volverse se encontró entreverada y acalambrada entre aquella agua negra y dura como tierra corrediza. Tal vez bramó pidiendo que le ayudaran. Bramó como sólo Dios sabe cómo. 
Yo le pregunté a un señor que vio cuando la arrastraba el río si no había visto también al becerrito que andaba con ella. Pero el hombre dijo que no sabía si lo había visto. Sólo dijo que la vaca manchada pasó patas arriba muy cerquita de donde él , estaba y que allí dio una voltereta y luego no volvió a ver ni los cuernos ni las patas ni ninguna señal de vaca. Por el río rodaban muchos troncos de árboles con todo y raíces y él estaba muy ocupado en sacar leña, de modo que no podía fijarse si eran animales o troncos los que arrastraba. 
Nomás por eso, no sabemos si el becerro está vivo, o si se fue detrás de su madre río abajo. Si así fue, que Dios los ampare a los dos. 
La apuración que tienen en mi casa es lo que pueda suceder el día de mañana, ahora que mi hermana Tacha se quedó sin nada. Porque mi papá con muchos trabajos había conseguido a la Serpentina, desde que era una vaquilla, para dársela a mi hermana, con el fin de que ella tuviera un capitalito y no se fuera a ir de piruja como lo hicieron mis otras dos hermanas, las más grandes. 
Según mi papá, ellas se habían echado a perder porque éramos muy pobres en mi casa y ellas eran muy retobadas. Desde chiquillas ya eran rezongonas. Y tan luego que crecieron les dio por andar con hombres de lo peor, que les enseñaron cosas malas. Ellas aprendieron pronto y entendían muy bien los chiflidos, cuando las llamaban a altas horas de la noche. Después salían hasta de día. Iban cada rato por agua al río y a veces, cuando uno menos se lo esperaba, allí estaban en el corral, revolcándose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima. 
Entonces mi papá las corrió a las dos. Primero les aguantó todo lo que pudo; pero más tarde ya no pudo aguantarlas más y les dio carrera para la calle. Ellas se fueron para Ayutla o no sé para dónde; pero andan de pirujas. 
Por eso le entra la mortificación a mi papá, ahora por la Tacha, que no quiere vaya a resultar como sus otras dos hermanas, al sentir que se quedó muy pobre viendo la falta de su vaca, viendo que ya no va a tener con qué entretenerse mientras le da por crecer y pueda casarse con un hombre bueno, que la pueda querer para siempre. Y eso ahora va a estar difícil. Con la vaca era distinto, pues no hubiera faltado quien se hiciera el ánimo de casarse con ella, sólo por llevarse también aquella vaca tan bonita. 
La única esperanza que nos queda es que el becerro esté todavía vivo. Ojalá no se le haya ocurrido pasar el río detrás de su madre. Porque si así fue, mi hermana Tacha está tantito así de retirado de hacerse piruja. Y mamá no quiere. 
Mi mamá no sabe por qué Dios la ha castigado tanto al darle unas hijas de ese modo, cuando en su familia, desde su abuela para acá, nunca ha habido gente mala. Todos fueron criados en el temor de Dios y eran muy obedientes y no le cometían irreverencias a nadie. Todos fueron por el estilo. Quién sabe de dónde les vendría a ese par de hijas suyas aquel mal ejemplo. Ella no se acuerda. Le da vueltas a todos sus recuerdos y no ve claro dónde estuvo su mal o el pecado de nacerle una hija tras otra con la misma mala costumbre. No se acuerda. Y cada vez que piensa en ellas, llora y dice: "Que Dios las ampare a las dos." 
Pero mi papá alega que aquello ya no tiene remedio. La peligrosa es la que queda aquí, la Tacha, que va como palo de ocote crece y crece y que ya tiene unos comienzos de senos que prometen ser como los de sus hermanas: puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atención. 
-Sí -dice-, le llenará los ojos a cualquiera dondequiera que la vean. Y acabará mal; como que estoy viendo que acabará mal. 
Ésa es la mortificación de mi papá. 
Y Tacha llora al sentir que su vaca no volverá porque se la ha matado el río. Está aquí a mi lado, con su vestido color de rosa, mirando el río desde la barranca y sin dejar de llorar. Por su cara corren chorretes de agua sucia como si el río se hubiera metido dentro de ella. 
Yo la abrazo tratando de consolarla, pero ella no entiende. Llora con más ganas. De su boca sale un ruido semejante al que se arrastra por las orillas del río, que la hace temblar y sacudirse todita, y, mientras, la creciente sigue subiendo. El sabor a podrido que viene de allá salpica la cara mojada de Tacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo, sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse para empezar a trabajar por su perdición. 


Decir, hacer

Autor: Octavio Paz


    A Roman Jakobson.

    Entre lo que veo y digo,
    Entre lo que digo y callo,
    Entre lo que callo y sueño,
    Entre lo que sueño y olvido
    La poesía
    Se desliza entre el sí y el no:
    Dice
    Lo que callo,
    Calla
    Lo que digo,
    Sueña
    Lo que olvido.
    No es un decir:
    Es un hacer.
    Es un hacer
    Que es un decir.
    La poesía
    Se dice y se oye:
    Es real.
    Y apenas digo
    Es real,
    Se disipa.
    ¿Así es más real?
    Idea palpable,
    Palabra
    Impalpable:
    La poesía
    Va y viene
    Entre lo que es
    Y lo que no es.
    Teje reflejos
    Y los desteje.
    La poesía
    Siembra ojos en las páginas
    Siembra palabras en los ojos.
    Los ojos hablan
    Las palabras miran,
    Las miradas piensan.
    Oír
    Los pensamientos,
    Ver
    Lo que decimos
    Tocar
    El cuerpo
    De la idea.
    Los ojos
    Se cierran
    Las palabras se abren.


Besos

Autora: Gabriela Mistral



    Hay besos que pronuncian por sí solos
    La sentencia de amor condenatoria,
    Hay besos que se dan con la mirada
    Hay besos que se dan con la memoria.

    Hay besos silenciosos, besos nobles
    Hay besos enigmáticos, sinceros
    Hay besos que se dan sólo las almas
    Hay besos por prohibidos, verdaderos.

    Hay besos que calcinan y que hieren,
    Hay besos que arrebatan los sentidos,
    Hay besos misteriosos que han dejado
    Mil sueños errantes y perdidos.

    Hay besos problemáticos que encierran
    Una clave que nadie ha descifrado,
    Hay besos que engendran la tragedia
    Cuántas rosas en broche han deshojado.

    Hay besos perfumados, besos tibios
    Que palpitan en íntimos anhelos,
    Hay besos que en los labios dejan huellas
    Como un campo de sol entre dos hielos.

    Hay besos que parecen azucenas
    Por sublimes, ingenuos y por puros,
    Hay besos traicioneros y cobardes,
    Hay besos maldecidos y perjuros.

    Judas besa a Jesús y deja impresa
    En su rostro de Dios la felonía,
    Mientras la Magdalena con sus besos
    Fortifica piadosa su agonía.

    Desde entonces en los besos palpitan
    El amor, la traición y los dolores,
    En las bodas humanas se parecen
    A la brisa que juega con las flores.

    Hay besos que producen desvaríos
    De amorosa pasión ardiente y loca,
    Tú los conoces bien, son besos míos
    Inventados por mí para tu boca.

    Besos de llama que en rastro impreso
    Llevan los surcos de un amor vedado,
    Besos de tempestad, salvajes besos
    Que sólo nuestros labios han probado.

    ¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
    Cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
    Y en los espasmos de emoción terrible,
    Llenaronse de lágrimas tus ojos.

    ¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
    Te vi celoso imaginando agravios,
    Te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
    Y qué viste después? Sangre en mis labios.

    Yo te enseñe a besar: los besos fríos
    Son de impasible corazón de roca,
    Yo te enseñé a besar con besos míos
    Inventados por mí para tu boca.

Huésped sin sombra

Meira Delmar

(Artista: Lucas Sanchez Gasparin)
    Nada deja mi paso por la tierra.
    En el momento del callado viaje
    He de llevar lo que al nacer me traje:
    El rostro en paz y el corazón en guerra.

    Ninguna voz repetirá la mía
    De nostálgico ardor y fiel asombro.
    La voz estremecida con que nombro
    El mar, la rosa, la melancolía.

    No volverán mis ojos renacidos
    De la noche a la vida siempre ilesa,
    A beber como un vino la belleza
    De los mágicos cielos encendidos.

    Esta sangre sedienta de hermosura
    Por otras venas no será cobrada.
    No habrá manos que tomen, de pasada,
    La viva antorcha que en mis manos dura.

    Ni frente que mi sueño mutilado
    Recoja y cumpla victoriosamente.
    Conjuga mi existir tiempo presente
    Sin futuro después de su pasado.

    Término de mí misma, me rodeo
    Con el anillo cegador del canto.
    Vana marea de pasión y llanto
    En mí naufraga cuanto miro y creo.

    A nadie doy mi soledad. Conmigo
    Vuelve a la orilla del pavor, ignota.
    Mido en silencio la final derrota.
    Tiemblo del día. Pero no lo digo.

Antártica: ¿cómo es vivir en uno de los lugares más remotos del mundo?

Con ventiscas de nieve que nublan la vista a menos de un metro de distancia, mares congelados que frenan el paso de los barcos y aviones que apenas traen suministros una vez al mes, los habitantes de los dos asentamientos civiles de la Antártica sólo se tienen los unos a los otros para enfrentar los duros meses de extremo aislamiento invernal.
Uno está en la base argentina Esperanza; el otro, en la chilena Presidente Eduardo Frei. Se llama Villa Las Estrellas y cuenta con escuela, oficina de correos, banco, biblioteca, iglesia y un hospital para las familias de los militares apostados allí.


BBC Mundo tuvo la oportunidad de vivir de primera mano la experiencia que enfrentan los residentes de este paraje único y agreste ubicado a 1.500km de la ciudad chilena de Punta Arena, donde las temperaturas en invierno alcanzan 35 grados bajo cero.

El pueblo antártico de Villa Las Estrellas


No se sabe a ciencia cierta a qué debe su nombre este pequeño asentamiento de 14 viviendas fundado en 1984, como un anexo a la base Presidente Eduardo Frei.
Unos dicen que es un homenaje a la estrella que adorna la bandera de la Chile. Otros lo asocian con las lucecitas de las casas que titilan sobre la nieve oscura durante las interminables noches de invierno.
El asentamiento civil tiene una población de 41 habitantes, aunque en verano queda casi vacío cuando las familias de los militares pueden regresar al continente para disfrutar de los meses del verano austral. La base, en cambio, siempre mantiene parte de su contingente.
El pueblo cuenta con dos profesores que imparten clases de primaria.
En el centro escolar, los niños disponen de computadoras y conexión de internet y los adultos pueden depositar su voto durante las elecciones.

Atrapados en el hielo

El congelamiento del mar en invierno y las malas condiciones climáticas en Antártica prácticamente paralizan el acceso de buques y aviones a esta base.

Las noches llegan a durar 20 horas y las ventiscas son tan intensas que muchos se pierden en la nada incapaces de ver a más allá de sus narices.
En esas condiciones, los residentes de la base a menudo comparten días, si no semanas, encerrados en refugios viendo las mismas caras.
¿Imaginan desayunar, trabajar, comer y cenar con su jefe durante todo el año?, me dice Gonzalo Pazo, capitán de la base antártica Eduardo Frei, en cuanto le pregunto cómo es la vida antártica.
"A diferencia de otro trabajo, donde uno va de 8 de la mañana a 5 de la tarde y luego marca tarjeta y apaga la luz y tiene diversas formas de liberar el estrés, aquí no puedo ir al cine o ir a un gimnasio, eso no existe", reflexiona Pazo.

La vida en un refugio


Para vivir en el continente helado, todos a excepción de los niños, deben pasar pruebas médicas y psicológicas que determinen su aptitud para enfrentar el aislamiento extremo, lo que incluye someterse a cirugía para extirpar el apéndice y así evitar una emergencia médica que en esas condiciones podría ser fatal.
A nivel psicológico, uno de los primeros y más importantes requisitos, cuenta el coronel Carlos Prado, excomandante del departamento antártico del Ejército de Chile, es que uno vaya de forma voluntaria.
"A partir de ahí empieza un proceso que dura tres meses y en el que se realizan exámenes psicológigos muy intensos", un proceso que incluye a las familias.
"Si la esposa entra en una crisis o un proceso depresivo no puede decirle al marido 'vente que te necesito ya', es imposible, así que el proceso de selección va en función de la persona y la familia".
"Debe ser una persona que realmente pueda soportar un año solo, convivir con mucha gente, mantener la disciplina, la jerarquía, trabajar permanentemente".

Las fases del aislamiento


Los residentes antárticos enfentan estadios emocionales muy diversos a lo largo de su estancia.
"En la primera etapa están todos muy entretenidos y alegres, porque están empezando el tema con entusiasmo, hay luz todo el día. Pero a mitad de año se da una baja en la moral y tienen hasta 20 horas de oscuridad", señala el coronel.
En esas circunstancias, dice el comandante Gonzalo Pazo, hasta la falta de mantequilla para el desayuno puede convertirse en motivo de conflicto.
"Esa irritación no es porque no tenga mantequilla, sino porque estoy empezando a nevarme, como decimos acá. Mi enojo hace que se enoje el otro y el otro y se genera una masa de gente enojada que tenemos que detectar y solucionar en el camino".
Todas estos factores se mitigan con actividades que tienen como fin último combatir el aburrimiento y la rutina, como la gran fiesta de disfraces de solsticio de invierno que todos los residentes antárticos celebran el 21 de junio y en la que participan los habitantes de todas las bases.

El síndrome del ermitaño


Pero uno de los efectos psicológicos más temidos aparece una vez se abandona Antártica. Los militares lo llaman el "síndrome del ermitaño".

Tras pasar un año en la base, explica Prado, el individuo se acostumbra a ser completamente independiente en la administración de su tiempo y retomar contacto con la realidad puede resultar "abrumador".
"Hay que prepararlo, se les dice qué les va a pasar. Cuando vuelve a casa todo se le viene encima: los niños, los parientes, los tíos, la señora que le exige que pase tiempo con ella, los niños".
¿Cómo enfrentan los habitantes del lugar condiciones tan extremas?
Lo cierto es que las nuevas tecnologías juegan un papel central en la forma de vida antártica.

Las ventajas de Facebook


En uno de los refugios de Villa Las Estrellas encontramos a Carolina Cabezas.
Esta profesora de comunicación es una de las mujeres que decidió acompañar a su marido en sus dos años de residencia en la base antártica, llevando consigo a su hijo de apenas año y medio, quien ya sabe caminar sobre la nieve mejor que sus padres.

"Para mí esto fue un gran cambio porque me ardía el corazón de dejar cada día a mi hijo Fernandito para ir a mi trabajo", explica sonriente. "Cuando justo surgió esta oportunidad la aceptamos inmediatamente".
"Creo que de esta forma no me voy a perder sus primeros años de vida, que son los más importantes".
Carolina actualiza constantemente su página de Facebook para mantener al día a su familia y cuenta que su plan es cursar a distancia un Master en escritura de relatos infantiles en la Universidad Abierta de Cataluña, porque quiere escribir cuentos para niños sobre Antártica.
A pesar de las vicisitudes, de las ventiscas que impregnan no sólo los cuerpos sino también las mentes de sus habitantes, muchos en Base Frei y Villa las Estrellas insisten en decir que están viviendo un auténtico romance con el continente helado.
Un universo donde, dicen, cualquier problema vanal se emborrona con la distancia y la nieve, y donde sus habitantes comparten y cooperan sin importar su nacionalidad.
"Existe un antes y un después de haber estado en Antártica", dice el coronel Prado. "La persona que ha estado allá por un año tiene una marca especial en su ser que le lleva a defender, en el buen sentido de la palabra, lo que significa estar en la Antártica".

Anahí Aradas
BBC Mundo

Selección de "Cartas a una amiga desconocida" de Antoine de Saint-Exupéry:

Estas Cartas a una amiga inventada, ilustradas con dibujos del autor, recogen un aspecto inédito de «Saint­ Exupéry».


Dirigidas a Renée de Saussine, con la que le unía una vieja amistad, contienen multitud de facetas -filosóficas, humorísticas, sentimentales... - que completan y enriquecen la imagen del gran autor, al tiempo que forman un documento literario del mayor interés, de intenso contenido poético y gran fuerza expresiva.

Editions Gallimard y EditionsL'Atzar, 1982. Publicadas por José J. de Olañeta, Editor 1989

Ilustradas con dibujos del autor.




Rinette,

Soy realmente distraído, sin excusa posible, ya que llevo conmigo tu relato pero debo a mi olvido la fotografía de un lugar encantador, por esto no echo nada de menos.

Quise llamarte el domingo para presentarte, al fin, excusas, pero no estabas en casa y por Madame Saussine me enteré del luto que te aflige. Rinette , no puedo hacer otra cosa más que reiterarte mi vieja amistad y decirte cuán cerca de ti estoy en mi corazón.

Asistí ayer por la noche al triunfo del hermoso Eusebio. Explicaba ante una sala repleta de gente cómo se escalan montañas más puntiagudas que agujas de campanario. Hablaba negligentemente de su heroísmo y las viejas damas se estremecían. El relato era bastante bueno pero las descripciones, Rinette... Daba a las «cimas sublimes», al cielo, a la aurora, a las puestas de sol dulzuras de mermelada, de caramelo. Las agujas eran rosadas, los horizontes lechosos y las rocas doradas por los primeros rayos de sol. El paisaje parecía comestible. Al escucharle pensaba en la sobriedad de tu cuento. Tienes que trabajar, Rinette. Destacas muy bien el elemento particular de cada cosa, aquello que le da vida propia. Los objetos, en la narrativa de Eusebio, permanecen abstractos. Se trata de «la Cima, la Puesta de sol, la Aurora». Salen del almacén de accesorios. Cuanto más abundan en su descripción más impersonal resulta.

Es el método que es malo o, mejor, la visión, que está ausente. N0 se debe aprender a escribir, sino a ver. Escribir es una consecuencia. Él toma un objeto e intenta embellecerlo. Los epítetos son capas de pintura. No destaca lo esencial sino que añade elementos arbitrarios. A propósito de una aguja hablará de Dios, del color malva y de las águilas. Entonces uno se siente sucesivamente enaltecido, enternecido y aterrorizado. Es un truco. Hay que decirse: «¿Cómo voy a transmitir esta impresión?». Y las cosas nacen de la reacción que te provocan, son descritas en profundidad. Solamente así deja de ser un juego. Te hablo de Eusebio porque sus defectos ponen de relieve las cualidades que tienes y que debes cultivar. Parte siempre de una impresión. Es imposible que sea banal. Habrá una cohesión íntima en tu relato. No estará hecho de retazos. Ve cómo los monólogos más incoherentes de Dostoievsky dan la impresión de necesidad, de lógica, mantienen un ritmo. La conexión es interna. Y observa cómo los personajes de tantos otros, cuya psicología bien estructurada podría mostrarse coherente, permanecen arbitrarios en sus expresiones y en sus actos a pesar de una lógica externa. Se trata de construcciones ficticias, como las montañas de Eusebio. No se crea un ente vivo atribuyéndole cualidades y defectos y haciendo que de ello surja la novela, sino expresando las impresiones vividas. Una emoción aun sencilla, como la alegría, es demasiado compleja para ser inventada si uno no quiere contentarse con decir de su héroe que «estaba alegre», con lo cual no expresa nada, no es personal. Una alegría nunca se parece a otra. Y es justamente esta diferencia, esta vida propia de cada alegría lo que hay que expresar. Pero ahí se puede caer en la pedantería, querer explicar esta alegría. Hay que expresarla a través de sus consecuencias, de las reacciones del individuo. Entonces no es necesario decir «estaba alegre», esta alegría brotará de sí misma con su identidad propia, como una determinada alegría que experimentas y a la que no puede aplicarse con exactitud adjetivo alguno. Si opinas que la palabra alegría basta para expresar lo que siente tu héroe, es que es ficticio, es que no tienes nada que decir.

Me siento ridículo, voy a terminar. En la pequeña taberna desde la que te escribo un piano mecánico fabrica una musiquilla sentimental. La cajera bailotea de un lado para otro. El dueño, vacío de deseos, bosteza. El camarero revolotea a mi alrededor carraspeando porque soy su último cliente y tiene sueño, todo esto rezuma melancolía. Tengo la sensación de estorbar, me voy.

No te he agradecido, Rinette, el que tocaras para mí, el otro día, aquellas páginas de Bach. Soy muy torpe para dar las gracias, pero me proporcionaste un gran placer.

El camarero, Rinette, plantado ante mí, agita su servilleta como una escoba.

Adiós pues, Rinette.

Antoine

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(París)
Mi vieja Rinette,

Te traigo la novela de Madame de ... Te adjunto en esta carta todo lo que pienso de ella. Porque tiene cosas buenas hablo también de los defectos, ya que si no fuera así no me habría ocupado de ella. Además, estos reproches son completamente personales y es posible que muchas personas no compartan mi concepción de la literatura. Lo cual me es prodigiosamente indiferente.

Me siento incómodo porque me doy cuenta de que estuve un poco violento referente a Pirandello. Quizá muy desagradable. Y la palabra «metafísica de portera» se me atraganta. No fui muy amable. Pero la he aplicado tantas veces a Pirandello que me viene a los labios por costumbre. Enseguida tuve la sensación de haberla pifiado.

Pero es preciso que te explique mi pensamiento porque se trata de una cuestión importante y no tenemos derecho a eludirla. No puedo considerar las ideas como pelotas de tenis o como monedas de intercambios mundanos. No tengo ninguna cualidad mundana. No se juega a pensar. Si la conversación va a parar por casualidad a un tema que me apasiona me vuelvo intolerante y ridículo, y Eusebio dice, con razón, que no se puede discutir conmigo. Sí, siento infinitamente el haber dicho «metafísica de portera»; no, por el contrario, en absoluto, el haberme encolerizado.

Porque, ves, Rinette -y antes de entrar en la cuestión literaria-, no se puede comparar a un hombre como Ibsen con un tipo como Pirandello. Por una parte tenemos a un individuo cuyas preocupaciones son de lo más elevado. Ha tenido un rol social, un rol moral, una influencia. Ha escrito para hacer comprender a las gentes lo que ellas no querían entender. Se enfrentó a los problemas más íntimos y en particular y de una forma maravillosa, a mi entender, al problema de la mujer. En fin, Ibsen, lo haya conseguido o no, intentó darnos, no ya un nuevo juego de lotería, sino un alimento. Su obra se desarrolla en un plano humano. Uno se encuentra directamente implicado en su verdad o en sus errores, al menos si estima que su existencia interior es el lado importante de la vida.

Y por otra parte tenemos a Pirandello que es quizá un notable hombre de teatro -hablaremos de ello luego- pero que ha sido creado y puesto sobre la tierra para distraer a las gentes de mundo y permitirles jugar con la metafísica como jugaban ya con la política, las ideas generales y los dramas de adulterio.

No es mucho más idiota que el bridge. Pero no hay derecho a establecer un paralelismo con Ibsen. Ibsen no intentaba ni intrigar ni distraer. Intentaba dar a entender las cosas que él juzgaba verdaderas. Y en este caso el hombre supera su obra, sea ésta de la índole que sea.

Entiende bien que no se trataba de un reproche personal ni de sostener una opinión literaria -habría sido muy pedante por mi parte el mostrarme tan violento- pero es que se trata de una especie de cuestión moral.

En cuanto al valor de Pirandello, es justamente lo que le agradeces aquello que a mí más me hace desconfiar. Clasificaré mis argumentos.

1. La audacia de trasladar al escenario un problema de metafísica.- No es el primero en hacerla. Cierto número de idiotas como Lenormand ya lo hicieron antes.

2. La originalidad del tema.- Se trata de un lugar común de manual. Hasta la chiquilla de diecisiete años, alumna de filosofía, que digiere mal las clases y lo lía todo, va más lejos. Él parece como si experimentara un noble orgullo en negar el mundo exterior. (Solo que se olvidó de aprender en su manual el sentido de la palabra existencia).

3. El interés del tema.- Ninguno en la obra de Pirandello: o se reduce a un lugar común incluso no filosófico o no tiene sentido.

) Un lugar común: ya sabías, antes de oírselo a Pirandello, que somos diferentes para cada uno de nuestros amigos, porque ellos despiertan en nosotros afinidades diferentes, y que un individuo es para otro el conjunto de reacciones que despierta en él como, en el plano material, una mesa es la suma de reacciones visuales táctiles que despierta en ti. Es evidente que no tenemos conciencia del «ser en sí mismo», de la «mesa en sí misma». Ya sabías, sin que lo dijera Pirandello, que diez testigos tienen diez versiones de la misma escena. Ya no es un problema metafísico.

b) O bien el problema de Pirandello es realmente un problema metafísico, se refiere a la verdad «en sí» pero que, mal expuesto por él, no tiene ningún sentido:

Tomaré un problema análogo y más simple, el de la existencia del mundo exterior, por ejemplo de nuestra mesa.

¿Existe o no existe en sí misma? El proceso que hay que seguir se divide en dos partes.

a) Comprehensión exacta de lo que entiendes por «existir» o «no existir». Definición exacta del término «existencia».

Es evidente que, aunque llegues a la conclusión de la no- ser existencia del mundo exterior, no tendrás ninguna intención de afirmar que uno no pueda darse contra la mesa. Existencia tiene aquí un significado particular.

b) Resolución del problema.

La primera parte quizá sea la más delicada, requiere mucha práctica de la abstracción. Si se elude, nada de lo que se diga a continuación tendrá sentido. Y Pirandello la eludió en lo concerniente a la verdad. No podía hacerlo de otra forma. ¿Cómo puede llevarse a la escena algo tan abstracto, algo que dé tan poca imagen? El problema, en su obra, ni siquiera se ha planteado.

No puede tener sentido.
Pero más aún: aunque hubiera podido tratarlo, habría eludido voluntariamente su definición de la verdad.

En efecto, no puede pasarse del problema metafísico a la emoción dramática más que por una confusión de palabras, engañándose a uno mismo, trasponiendo al plano afectivo lo que no tiene nada que ver con el sentimiento. El alumno que se «emociona» al enterarse de que el mundo exterior quizá no exista, se engaña sobre el sentido de la palabra existencia. Tiene una vaga idea de que aprenderá a atravesar paredes o al menos algo parecido que no llega a precisarse. Cree que estos estudios tienen relación con situaciones prácticas, con su vida diaria.

Esto provoca una emoción trucada, un vértigo falso.

¿Ves dónde está el fallo?- Es elemental. Se aplica a la definición común de la palabra «verdad», de la palabra «existencia», un razonamiento que no puede ser aplicado más que a la definición abstracta en metafísica. No se trata en ningún caso de la misma cuestión. Y se tergiversan nociones que no deben ser tergiversadas porque son verdad en el plano que les corresponde, que es el de la experiencia sensorial.

Cuando dices: «la mesa existe», quieres decir: «he aprendido desde la infancia a experimentar en ciertas condiciones un determinado grupo de reacciones y a la causa la llamo mesa». Esto no es cierto ni falso: es un hecho. No puedes negar esta clase de existencia de la mesa.

En metafísica, por el contrario, definirías diferentemente esta existencia, pero, precisamente porque no se trata ya de la misma cosa, las consecuencias a las que llegarías razonando sobre la mesa (sentido metafísico) no son aplicables a la mesa (sentido común); el trucaje dramático consiste en considerarlas válidas escamoteando las definiciones. De esta forma socavas todas las nociones comunes que tiene el espectador y le haces experimentar un gran vértigo.

No es más que un truco. Ni siquiera es ingenioso, ya que cualquier alumno de filosofía o matemáticas ha caído cien veces en esta confusión. Pirandello hace una buena ensalada rusa con los diferentes sentidos de la palabra «verdad»; me niego a encontrar esto interesante. Y su especie de héroe que quiso fuera irónico, superior y escéptico es simplemente idiota. La primera cualidad de un hombre inteligente es la de saber comprender el lenguaje de los otros y de hablárselo. Pero como nadie puede saber lo que quiere decir exactamente en esta obra, resulta interminable.

4. Parecía que tú encontrabas acertado el que hubiera tenido la osadía de llevar a escena un problema metafísico en lugar de historias de mujerzuelas. Pues yo no lo creo así. Las mujerzuelas por lo menos tienen algo que ver con las gentes de mundo. Pero si las gentes mundanas quieren hacer metafísica que se compren libros y que trabajen. Pero no desean en absoluto el comprender la metafísica. Esto exige un esfuerzo y no compensa más que con un placer intelectual. Y les importa un bledo. Precisamente lo que quieren es no entender nada de nada, sentir cómo todas sus nociones se tergiversan. Entonces se dicen: «Qué curioso ... » y sienten un ligero escalofrío.

¿Comprendes ahora por qué encuentro importante el tema de Pirandello? ¿Por qué encuentro que se trata de algo más de la simple crítica de una obra teatral? Es una especie de problema moral.

Por estas mismas razones las gentes de mundo se apoderaron hace años del pobre Einstein. Querían llegar a no comprender nada de nada, a experimentar una gran turbación, a sentir «el ala de lo desconocido». Einstein era para ellos una especie de «fakir». Y los datos puramente matemáticos, que, verdaderos o falsos, no tienen sentido en ningún caso más que sobre el plano matemático, fueron traspuestos por otros Pirandellos al plano de los conocimientos comunes a través de una confusión voluntaria. Y los mundanos no veían otra cosa. Como si Einstein fuera a enseñarles un camino más corto que la línea recta para ir de la Concorde a la Bastille, un truco para atravesar paredes o para retroceder en el tiempo.

Esto me trae a la memoria un hermoso viaje: la esposa de un comandante, ayudante de campo de antes de la guerra, era una tendera tímida que zurcía medias en un rincón del compartimento repartiendo «Muchos saludos a su señora ... » mientras la despampanante esposa de un teniente estaba hablando con ella con mucha deferencia: le explicaba a Einstein.

Era admirable.

Rinette, sabes, no puede uno educar la fineza de su pensamiento si no es por medio de la disciplina constante y el pensamiento es lo más precioso que tenemos, lo que deberíamos tener de más precioso. Pero ya constatarás que las personas, si bien quieren aumentar su memoria, sus conocimientos, sus habilidades verbales, casi nunca buscan el cultivar su inteligencia. Buscan el razonamiento justo pero no el pensamiento justo. Se confunden.

Es por ello por lo que es necesario aceptar a Ibsen, que es en definitiva un esfuerzo hacia la comprehensión humana, y rechazar a Pirandello y rechazar todos los vértigos falsos: es difícil. Lo que está oscuro es más tentador que lo que está claro. Ante dos explicaciones de un fenómeno las gentes se inclinan por instinto hacia lo oculto. Porque lo otro, lo verdadero, es sencillo y gris y no hace ponerse a los pelos de punta. Lo paradójico es más tentador que una explicación verdadera y la gente lo prefiere. Lo que yo digo aquí es muy en general. Muchos errores de juicio vienen determinados por esta necesidad. La necesidad de acaparar las ideas no para comprenderlas, sino para emocionarse con ellas.

Se puede llegar muy lejos. Puede casi afirmarse que lo que sorprende, lo que seduce tiene muchas probabilidades de ser falso. La primera cualidad para comprender es la capacidad de sentir un cierto desinterés, un cierto olvido de uno mismo. Las gentes de mundo utilizan la ciencia, el arte, la filosofía de la misma forma que utilizan las zorras. Pirandello es una especie de zorra...

Mi vieja Rinette, perdóname esta carta. No me lo tomes en cuenta. Perdóname también el haber hablado de «metafísica de portera». Es que no creo que estos temas puedan convertirse en un juego mundano. Encuentro que son muy importantes. No tiene ninguna clase de interés el querer seducir mediante bellas frases contradictorias seguidas de concesiones corteses. Las gentes mundanas dicen: «Hemos removido las ideas», me dan asco.

Me gustan las personas a las que la necesidad de alimentarse, de alimentar a sus hijos y de llegar a fin de mes ha relacionado muy de cerca con la vida. Saben mucho. Ayer me codeé en el autobús con una mujer sin sombrero rodeada de cinco chiquillos. Les estaba enseñando muchas cosas, y a mí también. La gente de mundo nunca me ha enseñado nada.

Ayer por la noche hablé con una prostituta. Me decía: «Trabajo como maniquí en chez Drecoll. Gano seiscientos francos al mes. Me acaba de abandonar mi marido y tengo un niño pequeño. Para poder trabajar he tenido que dejar a mi hijito con una nodriza. No me quedan más que trescientos. ¿Qué otra cosa puedo hacer? No hay una sola mujer en París que gane ni mil francos al mes. Me dedico a la vida. Lo intento. Me acuesto a las cinco de la mañana y duermo tres horas causa de mi trabajo como maniquí. Pero no tengo mucho arte. Soy tímida v las compañeras se ríen de..mí. Ahora. tengo bronquitis y una lesión en el pulmón izquierdo. No podré aguantar mucho tiempo. Por entonces tendré que entrar en una «casa» porque no sé hacerme la buscona y ya no puedo más. Allí se me escogerá cuando les venga en gana. ¿Y qué otra cosa puedo hacer? Viviré, y mi hijo también. Ya es algo».

En efecto, ya es «algo», y ¿qué podía responder yo?

Y es una historia banal para las personas que de estas historias no sacan más de lo que sacan de las comedias de mujerzuelas en el Music-Hall: una emoción, una piedad falsa. Muy al estilo de 1880, muy melodramático. Las desgracias sirven a sus emociones de la misma forma que la metafísica del señor Pirandello. Y aquélla ni siquiera está ya de moda.

Esto me trae a la memoria una conversación transcrita por Léon Werth: «Pero, ¿por qué, querido señor, si decís que amáis a los hombres les quitáis a Dios, consuelo supremo?

-Para que busquen otros consuelos, señora y os partan la cara».

Me parece muy bien.

Mi querida Rinette, no estés muy enfadada conmigo. Es verdad que no soy tolerante, como dice Eusebio, pero no es ni por vanidad ni por orgullo, es porque precisamente esta tolerancia me disgusta. Hay que amar a las cosas y a las ideas por sí mismas y no por juego.

Soy una especie de oso antipático y esto me pone melancólico. Incluso muy melancólico y por muchas razones.

Hasta otro rato, Rinette. Confía en una amistad que es una gran parte de mí mismo.


Antoine

Acabo de llamarte por teléfono. Mañana te traeré la novela. El tema de Pirandello me pesa y te daré también esta carta¹.

¹Carta sin fecha. Probablemente de la primavera de 1925.



La muerte de Saint-Exupéry deja de ser un misterio

Si hay un libro que la gran mayoría de los lectores en el mundo conocen es “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry, el escritor francés y piloto de guerra que falleciera en 1944.


Hasta ahora, la desaparición de este magistral escritor había permanecido en un absoluto misterio. Luego de partir del norte de la isla de Córcega a bordo de un Lightning P38 para efectuar una misión de reconocimiento, Saint-Exupéry jamás regresó.

Una reciente investigación ha dado finalmente con el responsable de su muerte. Se trata de Horst Rippet, un ex piloto alemán, quien asegura que las circunstancias de la muerte de Saint-Exupéry coinciden totalmente con las de un avión que él mismo derribó en julio de 1944. Era sin dudas, el avión del maestro.

Rippert ha escrito una obra que narra estos sucesos y que será publicada en Francia el próximo jueves. “Si hubiera sabido que era Saint-Exupéry, no le habría abatido jamás”, reconoce el ex combatiente. Él mismo era un ferviente admirador de su obra. No fue sino hasta mucho tiempo después que se enteró de que él era el responsable de que perdiéramos a un valioso escritor.

Lo que más rescato de todo esto es sin duda, el valor de un hombre que luego de largos años se anima a hacer pública su verdad y a confesarse artífice de la caída de una de las figuras que más extraña el mundo de la literatura. Yo no culpo a Rippert de la muerte de Saint-Exupéry. No es más culpable que el propio escritor y que todos los participantes y los cómplices de la guerra. Sí admiro el valor de hacer pública una declaración que le valdrá el odio de tantos admiradores del gran aviador y amigo del Principito.


Vía
ADN Cultura  

Antoine de Saint-Exupéry

31 de julio de 1944: fallece Antoine de Saint-Exupéry, aviador y escritor francés.




Breve Biografía:

 Escritor y aviador francés nacido en Lyon. Estudió en la Universidad de Friburgo. Ingresó en la fuerza aérea francesa en 1921, y en 1926 se hizo piloto comercial. Sus dos primeros libros, Correo del Sur (1929) y Vuelo nocturno (1931), se caracterizan por la evocación poética romántica de la disciplina del vuelo, que exige el cumplimiento del deber aun cuando se arriesgue la propia vida. Sus obras posteriores, como Tierra de hombres (1939) y Piloto de guerra (1942), hacen hincapié en la filosofía humanista que marcó su vida. Su archiconocido libro El principito (1943) es una fábula infantil para adultos por su significado alegórico. Durante la II Guerra Mundial Saint-Exupéry se incorporó de nuevo a la fuerza aérea. Su avión fue abatido y el piloto logró escapar a Estados Unidos; posteriormente se incorporó a las tropas de la Francia Libre. Durante una misión de reconocimiento por el sur de Francia su avión desapareció y nunca volvió a encontrarse. Sus cuadernos de notas, reunidos bajo el título de Ciudadela (1948), se publicaron póstumamente.

Recordando a Antoine de Saint-Exupéry

FRAGMENTO DE ” EL PRINCIPITO” (Capítulo XXI) – 




Buenos días -dijo el zorro


- Buenos días -respondió cortesmente el principito

- Ven a jugar conmigo -le propuso el principito- ¡Estoy tan triste!

- No puedo jugar contigo -dijo el zorro- No estoy domesticado

- ¿Qué significa “domesticar”?

- Es una cosa demasiado olvidada -dijo el zorro- Significa “crear lazos”

- ¿Crear lazos?

- Si -dijo el zorro- para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo…

- Mi vida es monótona, cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de tí. Y amaré el ruido del viento en el trigo…

El zorro calló y miró largo tiempo al principito.

- ¡Por favor…domestícame! -dijo

- ¿Qué hay que hacer? -dijo el principito

- Hay que ser muy paciente -respondió el zorro- Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca…

Al día siguiente volvió el principito.

- Hubiese sido mejor venir a la misma hora -dijo el zorro- Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón…Los ritos son necesarios.

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:

- ¡Ah!… -dijo el zorro- Voy a llorar

- Tuya es la culpa -dijo el principito- No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara…

- Si -dijo el zorro

- ¡Pero vas a llorar! -dijo el principito

- Si -dijo el zorro

- Entonces, no ganas nada

- Gano -dijo el zorro-, por el color del trigo.

“La tercera guerra mundial será de datos”

José Luis Florez, responsable mundial de 'big data' de la consultora Accenture, alerta sobre los peligros de una mala gestión de esta información



    Ya hay más bits de datos almacenados sobre nosotros que estrellas en el universo. En 2020 el volumen de información acumulada sobre los habitantes del planeta será 44 veces mayor que el actual. Todo lo que revelamos, conscientes o no, al usar el móvil, el correo electrónico o las redes sociales se almacena y dibuja, cada vez con más detalle, un perfecto retrato sobre nuestras costumbres y preferencias. Esta ingente cantidad de datos que suministramos se conoce como big data y, según los expertos, tiene tantas posibilidades de negocio como peligros para la privacidad. Según asegura José Luis Florez, responsable mundial de big data de la consultora Accenture, “la primera guerra mundial fue química, la segunda física (en referencia a la bomba atómica) y la tercera será de datos”,

Diversos expertos debaten sobre la materia estos días en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en el encuentro Big-data Analytics: la industrialización de la inteligencia, que reúne a una gran cantidad de empresas y profesionales del sector. Un sector que, de acuerdo con algunas consultoras, generará 4.400.000 puestos de trabajo en todo el mundo durante los próximos dos años. “Estamos ante una inundación de datos que para ser útiles deben ser tratados adecuadamente”, explica Santos González Jiménez, catedrático de Inteligencia Analítica Avanzada de la Universidad de Oviedo. “Hasta la fecha solo el 4,8% de las empresas españolas han implantado sistemas de gestión de big data, con lo que la estrategia de futuro es fundamental”, abunda.

Los datos se pueden aplicar en todo tipo de campos como turismo, banca, sanidad, ciudades inteligentes… La clave consiste en conocer las costumbres de los clientes para prever sus necesidades futuras. “¿Cómo puede ser que Amazon, al abrirlo, ya me recomiende el próximo libro que ya tenía decidido comprar?”, se preguntaba la semana pasada el periodista Lluís Bassets en la misma universidad.

“Los datos son el petróleo del siglo XXI”, dijo recientemente en una entrevista José Luis Rodríguez, director de la Agencia Española de Protección de Datos. Y dados los conflictos que ha generado el oro negro durante el último siglo, la analogía preocupa a más de uno. Bassets afirmaba la semana pasada: “Las guerras han cambiado. Ahora el propio espionaje y el manejo de datos son la propia guerra”.

¿Es posible escapar de esta deriva Orwelliana? ¿Qué solución se ofrece para quien quiera mantenerse al margen? “Es importante concienciar a la población de la importancia de los datos que se vierten a la red porque pueden usarse en tu contra. Debería haber mecanismos para evitarlo, pero actualmente no los hay. No tengo ninguna duda de que se legislará al respecto. Lo que no sabemos es cuándo”, reconocía el consultor Florez.

A la vez que abre inmensas posibilidades de progreso y aumenta el conocimiento de las necesidades de los clientes, el big data y genera temor a una memoria perenne en la red o la imposibilidad de ocultar aspectos privados. Barack Obama, que durante su segunda campaña electoral a la presidencia estadounidense se sirvió del big data para escudriñar a su electorado, ha visto menoscabada su popularidad tras la revelación del programa de almacenamiento de datos y espionaje de La Agencia de Seguridad Nacional. “Los datos son algo imparable. No se pueden poner puertas al campo”, resumía el catedrático Santos González. “Están ahí, por eso hay que sacarles partido”.





32 AÑOS SIN AKIRA KUROSAWA

                                      Fotografía fuente Revista Yume: https://revistayume.com/ “Puede que sólo puedas escribir una página po...