lunes, 1 de junio de 2015

“Mujica llena más estadios que AC/DC”


Más de dos mil personas acuden a escuchar al expresidente de Uruguay en el Casinet d'Hostafrancs, desbordando el aforo del recinto



A las cuatro de la tarde el aforo del Casinet d’Hostafrancs (Barcelona) estaba completo. Caben 440 personas, pero fuera había más, unas dos mil, que ansiaban ver, tocar y, por supuesto, escuchar a José Mujica, expresidente de Uruguay. Acompañado de su esposa, Lucía Topolanski, iba a dar una conferencia a sus paisanos en la ciudad, organizada por Casa América y la Asociación de Amigos del país sudamericano.
La charla tenía que empezar a las cinco. Se retrasó. La organización consiguió meter en la sala, con calzador, a otras 330 personas más. Ya no cabía ni un alfiler, pero el gentío —de todas las edades y nacionalidades— no se conformaba con oír a Mujica a través de los altavoces instalados en el patio. “¿No podíais haber pensado en un sitio más amplio?”, gritaban algunos, enojados. “Sacadle al patio”, decía la mayoría.
“Los uruguayos quedamos muy contentos con este presidente, que ha sido revolucionario para América Latina. Aprobó el matrimonio gay, legalizó la marihuana y redujo la pobreza del 30% al 8%. Además, fue consecuente con su pensamiento. No fue una pantomima”, decía Juan Fontana, mientras Alí, estudiante de políticas paquistaní, asentía.
Un cuarto de hora antes de la hora prevista, el coche que traía a Mujica entraba en el recinto. “¡Pepe!, Pepe!, ¡presidente, presidente!, ¡Arriba Pepe, eres lo más grande!”, se oían voces gritar. El vehículo no podía avanzar. Alba casi se cuela dentro del coche. “Si no llega a estar la luna medio bajada, le planto dos besos. Da igual, ¡mira lo que he conseguido!”, decía emocionada mientras mostraba el autógrafo del exmandatario en el libro José Mujica, la revolución tranquila. Su marido, Sergio, explicaba que se habían enterado de la conferencia por Facebook. “No nos lo podíamos perder. Pepe es único. Es un ídolo. Lo más importante, que luchó contra la corrupción endémica de mi país”.
La gente seguía pidiendo a gritos que les dejaran entrar. O que sacaran a Mujica al exterior. “A este señor lo llevan al estadio olímpico y llena más que AC/DC. Mujica es un referente para el mundo, que necesita más líderes así”, decía Paco.
La situación podía haberse complicado, pero nada ocurrió, porque del interior de los altavoces empezó a sonar la voz suave y franca de José Mujica. No hubo mejor bálsamo, porque el público se calmó y, simplemente, escuchó sus palabras durante algo más de una hora.
El expresidente de Uruguay criticó que en “2015 el mundo se olvide de los compromisos que se acordaron”, en referencia a los propósitos del Objetivo del Milenio fijados por la ONU para este año, especialmente la erradicación de la pobreza extrema, lo que achacó a la ausencia de “voluntad política”. Por ello, pidió “menos cumbres internacionales y más acuerdos reales”, y lamentó que el mundo siguiera con los mismos problemas desde los años 70 del siglo XX, que “incluso se han agravado”.
A Europa, a la que definió como un “continente rico, viejo y astuto”, le espetó: “Hizo mucho imperialismo y ahora es víctima de lo que desató”. En primera fila le escuchaban Jordi Turull (CiU), Miquel Iceta (PSC), David Fernández (CUP) y Alfred Bosch (ERC).
Mujica tampoco quiso dejar un mensaje pesimista al recordar que “nunca hubo una época tan revolucionaria para la humanidad como esta”, mientras hacía un llamamiento al compromiso político. Sobre todo de los ciudadanos, porque estos “se dividen entre los que se comprometen y los que no”.



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