domingo, 9 de octubre de 2016

“Esperé ese abrazo durante 40 años”

El hijo de Ana María Lanzillotto y Domingo Menna se reunió con su familia en lo de su tía. “No puedo sacarme la sonrisa de la cara, fue todo hermoso”, contó su hermano Ramiro de la cena en la que también estuvieron sus primos.




Por Ailín Bullentini
Suena el celular. Mensaje de WhatsApp. “Voy con mi esposa, en 15 llegamos a lo de la tía Alba. Tu hermano.” Las palabras “tía” y “hermano” bastaron para romper el hielo, para disipar el temor. “Estábamos todos expectantes porque en el abanico de posibilidades de cómo sucedería el encuentro cabían algunas complicadas, pero ese mensaje aflojó todo”, contó Ramiro Menna, el hermano del nieto 121, tras el reencuentro familiar que protagonizaron el jueves pasado. Alba Lanzillotto, la “tía”, llegó más tarde a la reunión. “Lo encontré sentado. Lo miré, tan igual a Ramiro. Se paró, me abrazó y le agradecí por estar acá. Ese abrazo lo esperé durante 40 años”, contó Nena.
“Por supuesto que nos imaginábamos que cabía la posibilidad de una situación más difícil, más tensa, pero la verdad es que de todas fue la mejor. El estaba, en palabras de su propia mujer, con el corazón en la mano desde el lunes”, graficó Menna a Página/12 alguna de las emociones que atravesaron la gran cumbre familiar con la que los Menna y los Lanzillotto recibieron al hijo apropiado al matrimonio de Ana María y Domingo durante la última dictadura cívico militar.
El nieto 121 recibió la noticia de parte de la Comisión Nacional por la Identidad (Conadi) el lunes pasado, tres meses después de haber dado su sangre al Banco Nacional de Datos Genéticos. El martes habló con la mujer que lo crió, quien le había asegurado que era su madre biológica. El miércoles dialogó con el hombre que nunca negó ser su padre; los perdonó, pero quería indagar en los por qué. “Me dio la impresión de que es una excelente persona, transparente, franco. De que lo criaron con cariño. Se nota que fue una persona amada y que por esa misma razón también perdona”, destacó Ramiro de su hermano, que el miércoles a la noche le escribió para avisar que estaba listo para conocer a su familia.
La cita fue el jueves pasado, a las 19, en la casa de la tía Nena –una de las hermanas mayores de Ana María–, en pleno barrio de Almagro. El llegó con su esposa, a quien el hijo mayor de Ana María y el Gringo Menna la describió como “una mujer hermosa que sabemos que jugó un papel importante y positivo en toda esta historia, porque lo acompañó y lo apoyó”. El matrimonio se encontró con el abrazo de su hermano y de Nena, el de sus primos por parte materna Alba, Eduardo y María Lucía –hija de María Cristina, melliza de Ana María, también desaparecida–, junto a sus respectivas familias; y el de sus primos por parte paterna Esteban y Pablo, hijos de Raquel, otra Menna víctima del terrorismo de Estado. Se lo notaba entusiasmado, como “un niño que había descubierto algo nuevo”, rescató Ramiro. Habló por teléfono con Quela, Nidia Lanzillotto, hermana de su mamá, y con otro primo.
“Le agradecí por estar acá, le dije que me encantó verlo con todos nosotros y que me encantó ese abrazo que esperé tanto tiempo”, comentó Lanzillotto, quien comentó que “verlo sentado junto a su hermano hizo desaparecer los 40 años de ausencia. Fue como si siempre hubiera estado”.
“Estuvimos bien torpes durante unos cuantos minutos y después nos sentamos y empezamos a preguntarnos sobre nuestras vidas”, contó Ramiro, quien destacó que su hermano había estado leyendo sobre su familia en Internet, que sabía del trabajo de Abuelas “por la tele”, pero que nunca se había imaginado que él podía llegar a ser uno de los nietos apropiados durante la última dictadura cívico-militar.
La punta del ovillo la encontró la Conadi en su partida de nacimiento, en la que la médica Juana Franicevich, certificó su alumbramiento en agosto de 1976 en Wilde. Franicevich, ya fallecida, había certificado otras dos partidas de nacimiento falsas –una de ellas es la de Ana Libertad Baratti de De la Cuadra, nieta recuperada 115–. El otro dato es el lugar en el que falsamente ese documento decía que se había producido el parto. La familia del flamante nieto recuperado vivía, entonces, en Olivos. La Conadi se acercó a él para proponerle que se hiciera los estudios genéticos, y él accedió convencido de que no iban a dar positivo. Contaba con la seguridad de la mujer que lo había criado, que le juraba que era su hijo biológico. “Nieto, nieto”, gritó una de las profesionales de la comisión cuando cruzó esa muestra con las de la familia Menna-Lanzillotto. “El nos dijo que a pesar de lo que pasó, al final, lo que le quedaba eran palabras de agradecimiento, un gracias a Dios que le había permitido vivir, que lo había puesto al cuidado de una familia que lo crió y cuidó y lo quiso, y que ahora le permitía encontrarnos a nosotros”, rescató su hermano. También agradeció a la Conadi, a Abuelas y a todos ellos por “haber tratado el tema con tanto respeto” y “cuidar” los datos sensibles. “Nosotros sabemos que es un tema sensible y que hay que darle todo el tiempo que necesite”, aseguró la ex secretaria de Abuelas de Plaza de Mayo. Ella coincidió con su sobrino Ramiro en el efecto “duradero” de la alegría por la cena, los abrazos, las palabras y el mensaje que les dedicó unas horas después de terminada: “Dijo que estaba alegre de haber encontrado una familia con tanto compromiso. Y yo no puedo sacarme la sonrisa de la cara, fue todo hermoso”, afirmó Ramiro.

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