jueves, 10 de abril de 2014

Los buscadores de oro amenazan la Amazonía


Dragas que extraen oro del río Caquetá, causando estragos a la Amazonía, vistas desde el aire. Junto a ellas, canoas con bidones de gasolina y diésel. SH-M

Araracuara. Los tentáculos de la minería ilegal llegaron a la Amazonia colombiana. En el río Caquetá, afluente del Amazonas, son ya sesenta y cinco las dragas que extraen oro de sus fondos. Su manera de trabajar, sin respeto alguno por la Naturaleza, está cambiando las costumbres ancestrales de los pueblos ribereños.
En Araracuara y Puerto Santander, diminutas y remotas localidades del departamento que lleva el mismo nombre del río más caudaloso del planeta, los indígenas vivían de la pesca, pero el mercurio y la gasolina que utilizan los mineros, contaminaron los bagres, sábalos y otras especies que les servían de sustento. No sólo el Medio Ambiente y la fauna se resienten, la violencia también está causando estragos.
El pasado 27 de marzo, por primera vez en su historia, Puerto Santander, de apenas ciento veinte casas que albergan unas cuatrocientas almas, fue sacudido por una bomba. La activaron guerrilleros del Frente 63 de las Farc, mató a dos militares y causó graves amputaciones a un cabo y a una chica de 18 años. El explosivo no estaba dirigido a ellos, sino a la policía y tenía por objetivo sacar de la población a los quince agentes que había llegado el 17 de febrero para controlar el tráfico de combustible, un elemento imprescindible para las dragas.
Días antes del atentado habían incautado un importante cargamento de diésel y gasolina. Por regla general, los traficantes envían los bidones por el río, amarrados y cubiertos de una malla, desde la Tagua, un pueblito a cientos de kilómetros de distancia. El destino es Puerto Santander, donde los lugareños los cargan en canoas de madera y los trasladan hasta las dragas, que trabajan en grupos, en medio del Caquetá, el río que establece la frontera entre Colombia y Perú.
Quitarles el combustible es uno de los medios para combatir la minería. El otro, más costoso y complejo, es destruir las dragas y detener a los ilegales, pero requiere una misión conjunta con la Fuerza Aérea, con helicópteros, sin dar tiempo a los que los mineros escapen a la selva peruana.
"Si hacemos un operativo desde el aire, se pasan a la orilla contraria, al Perú, y no podemos capturarlos", señala el coronel Gildardo Taborda, comandante de la Policía Nacional en Amazonas. "La legislación colombiana nos permite inutilizar el motor de las dragas. No nos está permitido quemarlas, como hacen los peruanos".
Para realizar sus labores de control, la Policía cuenta con el apoyo del Ejército, instalado en una Base en Araracuara, frente a Puerto Santander, aunque su fin primordial en la zona es proteger de la guerrilla el radar de Aerocivil (organismo que rige la aviación comercial) que cubre el sur del país.
El año pasado, la Policía inmovilizó unas dragas en Tarapacá, otro punto del departamento del Amazonas donde la minería está empezando a causar destrozos ambientales.
Consiguieron apresar a siete personas y la semana pasada, la Fiscalía pidió prisión para todos ellos, acusados de explotación ilícita de recursos mineros y daño al Medio Ambiente. La esperanza para las autoridades es enviar un mensaje a los nativos para evitar que se metan a la minería. Pero no será fácil conseguirlo.
La falta de fuentes de empleo y el completo abandono que sufren los poblados amazónicos por parte del Estado, empuja a muchos a incursionar en actividades ilícitas. A Puerto Santander nunca llega inversión de ningún tipo. Cuenta con un colegio e internado para unos trescientos alumnos, de instalaciones precarias, sin dotación académica; el centro de salud no tiene medicamentos y la energía solo llega unas horas. La minería, por tanto, es la única vía que muchos avistan para salir adelante.
También las Farc ven en el oro una manera de compensar lo que han perdido en los sembrados de coca por los programas de erradicación de los sucesivos gobiernos. En el Caquetá no solo cobran un impuesto a cada draga por dejarles trabajar, también son propietarios de algunas de ellas.
"Los indígenas están muy arrepentidos de haber impulsado la minería", asegura un vecino de Puerto Santander a este diario. "Detrás del oro vienen los grupos ilegales y la violencia. La bomba y los disparos que siguieron han conmocionado al pueblo".
Según relato de un policía, después del bombazo, los guerrilleros pretendieron rematar al suboficial que perdió las dos piernas pero no murió. "Herido como estaba, con el dolor que debe causar que te arranque una bomba las piernas, los enfrentó con su fusil y no pudieron matarlo. Un valiente ese cabo", contó el uniformado.
El murmullo que corre por Araracuara y Puerto Santander es que vendrán otros ataques, que las Farc no se quedarán quietas puesto que la Policía Nacional no retiró a sus hombres, solo relevó al contingente que había. "No podemos salir de aquí", comenta a este diario el coronel Taborda. "Debemos intensificar la lucha contra la minería ilegal. La Amazonia es Patrimonio de la Humanidad y hay que defenderla".

http://www.elmundo.es/america
SALUD HERNÁNDEZ-MORAPuerto Santander (Colombia)



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