martes, 29 de abril de 2014

Refundación y biodiversidad

El espíritu de refundación parte de la iniciativa bolivariana de Hugo Chávez en Venezuela y muestra cierta fuerza de arrastre en América Latina.





La biodiversidad de América Latina ha demostrado ser demasiado extensa para que las elites nacionales puedan digerirla, haciendo insuficientes todas las tentativas de definir una o más identidades político-culturales, emprendidas desde las independencias a comienzos del siglo XIX. En los últimos años, sin embargo, la última operación bautismal se congrega en torno a una nueva contraseña: refundación.
En los primeros 1800 peleaban dos ideas, ambas exclusivamente criollas, para definir América Latina: la hispano-católica y la francesa ilustrada; a mediados de centuria parecía imponerse esta última que expresaba con gran aplomo Civilización o barbarie del argentino Domingo Sarmiento; la derrota de España ante EE UU en 1898 provocó un animoso rebote —Ariel del uruguayo José Enrique Rodó— de los modos hispanos dentro de una colectividad latina, presuntamente superior al individualismo posesivo de EE UU; y con la revolución mexicana de 1910 se trató de hallar la respuesta total con el indigenismo de La raza cósmica —José Vasconcelos— pese a que el blanco europeo era quien seguía tomando todas las decisiones. Los dos grandes elementos de unión fueron durante todo este tiempo el catolicismo y la lengua castellana.
El espíritu de refundación, con el catolicismo cada día más desaventajado por el auge evangélico, parte de la iniciativa bolivariana de Hugo Chávez en Venezuela y muestra cierta fuerza de arrastre. El Ecuador de Rafael Correa compra nominalmente la idea, y Bolivia la indigeniza, impregnándola de restauración precolombina. Pero otras refundaciones sui generis, y no solo de izquierda, están en marcha. Juan Manuel Santos, osa hablar de “refundar” Colombia, y si el proceso de paz con las FARC tuviera éxito un país muy diferente debería ver la luz; la reformulación que Enrique Peña Nieto quiere hacer de México una máquina de capitalismo plenamente competitivo, equivaldría a un nuevo comienzo; el fin del cristino-peronismo, que la oposición liberal-conservadora augura y fervientemente desea, podría suponer un punto y aparte en la historia argentina; y tanto Brasil con Lula y Rousseff como Chile con Bachelet se dicen presidencias innovadoras: la primera por ver de alcanzar una hegemonía iberoamericana que el Mundial y los Juegos pondrán a prueba; y la segunda haciendo una colada constitucional que despinochetice el país. Incluso Cuba, con su conversión al capitalismo en cámara lenta, podría clasificarse entre las refundaciones de extrema modestia
En Honduras, El Salvador y Guatemala cualquier replanteamiento histórico pasaría inevitablemente por la derrota de las mafias del narco, asimismo presentes en Colombia y México; y en Nicaragua el seguimiento bolivariano es ante todo un negocio de importación. El resto de América Latina, con la excepción relativa de Uruguay con un presidente extupamaro que liberaliza el consumo de marihuana, permanece mas bien en posición decúbito supino. La amalgama de razas y legados culturales que se expresa en esa desbordante biodiversidad, le ha podido hasta hoy a cualquier intento de refundar América Latina

http://internacional.elpais.com/

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