viernes, 23 de agosto de 2013

La Negra Graciana Silva, voz y arpa de la música jarocha

Aunó en sus ritmos esencias negras, hispánicas y nativas mexicanas




En los portales de Veracruz (al este de México) se mezclan visitantes, vendedores ambulantes, clientes habituales de sus cafeterías y músicos callejeros. Hasta hace tan solo unos días también se podía ver, pero sobre todo escuchar, a una mujer negra acompañada de su arpa que bebía las cervezas del tiempo, a pesar del calor y la humedad, para no dañar su voz. La Negra Graciana Silva (Puente Izcoalco, 1939) falleció el pasado 29 de julio en Veracruz a los 74 años. Había recorrido Europa y EE UU tocando sones jarochos e incluso uno de esos conciertos se convirtió en un disco. Algunos de los parroquianos de los portales veracruzanos conocían su historia y otros, muchos de ellos de paso en una ciudad con uno de los principales puertos del país, tan solo escuchaban cómo con su voz y sus dedos traían al zócalo los sonidos jarochos veracruzanos.

“Tal vez no tenía una gran voz, pero cómo tocaba el arpa, cómo la hacía trinar, eso era único”, explica el periodista Ernesto Márquez, quien coordinó durante varias ediciones el Festival de Cultura Afrocaribeña que se realiza en Veracruz. Él descubrió a esta mujer —que “recordaba a Cesárea Évora, pero más música, más alegre, más dicharachera”— tocando en las calles veracruzanas “que era adonde realmente pertenecía, a pesar de que también actuó en teatros del extranjero”, afirma Márquez.

Graciana Silva aprendió a tocar el arpa cuando era pequeña gracias a un profesor que contrató su padre —que tocaba la jarana, el instrumento de cuerda básico del son jarocho—, pero no para que la enseñara a ella, sino a su hermano, que seguía los pasos paternos. Pero ella aprendió, dejó la escuela, comenzó a tocar y a cantar y se estableció en Los Portales, donde pasó casi toda su vida. Allí fue donde se convirtió en La Negra.

Ya tenía 55 años y ocho hijos cuando Eduardo Llerenas, fundador de la discográfica Discos Corasón, la descubrió en un viaje. “Tocaba, como ella decía, a la antigüita, poniendo mucho énfasis en la parte de los agudos y también en los bajos. Muchos nuevos arpistas tratan de tocar muy rápido para impresionar a la gente, pero no lo hacen bien. Había escuchado a muchos arpistas antes, pero noté algo especial en ella”, explica Llerenas. Dos semanas después grababan Sones jarochos con el Trío Silva (1994), donde Graciana Silva estaba acompañada de su hermano Pino.

Cuenta en la revista mexicana Proceso el periodista Roberto Ponce que, cuando en 1997 el guitarrista Ry Cooder visitó México para presentar el álbum de músicos cubanos Buena Vista Social Club, se quedó “embelesado” escuchando a La Negra. Entonces “ella soñaba con que le pasara lo mismo que a los de Buena Vista”, dice Márquez. Sin llegar a tener esa repercusión, Graciana Silva sí viajó al extranjero, hizo una gira por Europa y EE UU y grabó En vivo desde el Theatre de la Ville (1999). “Con todo el dinero que ganó, pagó sus deudas. Pero después de aquello, dejó de ser famosa y volvió a ser una artista más en los portales veracruzanos, así hasta que murió”, explica el periodista, que lamenta que la artista pasara los últimos años olvidada.

A La Negra no la llamaban así por casualidad. “Ella misma era un homenaje a las mujeres de los que nosotros llamamos la tercera raíz, la raíz negra de los descendientes de los esclavos africanos que llegaron a Veracruz”, explica Alejandro Mariano Pérez, director del Instituto Veracruzano de la Cultura. Ernesto Márquez dice que esta raíz se reflejaba en su música: “Unía nuestra constitución social veracruzana: lo negro, lo hispánico y lo nativo. Su música tenía aires africanos. ¿Dónde lo aprendió si nunca tuvo relación con ninguna etnia de ese continente? Yo creo que lo tenía escrito en el ADN”.

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