viernes, 27 de junio de 2014

África siembra tecnología

Los Tech Labs crecen en el continente. Además de centros de innovación tecnológica, son viveros de emprendedores y nidos de transformación social. Seis ejemplos.



Si quieres ir rápido, camina solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Con este presumido proverbio africano, Karim Sy, fundador de Jokkolabs, resume la filosofía que hay detrás de la emergencia de los tech labs en África. No es fácil explicar brevemente en qué consisten estos espacios que se mueven entre lugares de trabajo compartidos, viveros de emprendedores sociales, centros de innovación tecnológica y nidos de transformación social. Sin una estructura definida, los tech labs son flexibles en todas sus dimensiones, hasta el punto de que, más que establecimientos, son comunidades. En todo caso, su modelo materializa el ideal de una actividad económica en la que los rendimientos no son lo más importante y como prioridad se impone la aportación a la sociedad.
Da la impresión de que este formato idílico en el que se abrazan economía y transformación social se reproduce por esporas. En menos de cuatro años han surgido y se han afianzado, aparentemente sin relación, tech labs en la mayor parte de los países de África subsahariana. Un reciente informe realizado por varios de estos centros con el apoyo del Banco Mundial ha contabilizado 90 espacios diseminados en 26 países de la región. En el mismo momento en el que se hacían públicos los resultados del estudio, se ponía de manifiesto que se habían quedado desfasados con el surgimiento de nuevos espacios y por algunos olvidos.
Con un panorama tan amplio y diverso, es evidente que no existe un modelo único de tech lab. En unos se impone el carácter de centros deco-working (espacios de trabajo compartido) y en otros el de consultoría para emprendedores. Los hay vinculados a instituciones como universidades, de iniciativa privada de un emprendedor individual o impulsados por comunidades. Algunos se apoyan en la financiación de organizaciones internacionales, mientras que otros apuestan por la viabilidad independiente. Algunos han arrinconado por el camino la dimensión social para primar simplemente el enfoque de negocio. Sin embargo, la mayor parte han mantenido intactos algunos rasgos básicos de la idea original: el trabajo colaborativo, la gestión horizontal, el apoyo a la innovación tecnológica o la voluntad de ayudar a construir una sociedad nueva, basada en la participación de los ciudadanos ayudándose de la tecnología.
Los tech labs han sido fundamentales en la expansión del ciberactivismo en África y en la construcción de una conciencia de que las TIC pueden ayudar a transformar la sociedad. La sombra de estos espacios aparece en algunas de las iniciativas más innovadoras y que ahora se señalan como ejemplos. Los creadores keniatas de la plataforma Ushahidi, que se ha usado sistemáticamente para la monitorización de elecciones y como reacción social a desastres naturales, estuvieron detrás de la formación del iHub de Nairobi. La iniciativa marfileña de CIV2010 y, sobre todo, CivSocial y Wonzomai, como respuesta a la violencia poselectoral de 2010, se apoyaba en la estructura del tech hub de la organización Akendewa. En todo el entramado tecnológico para intervenir en las elecciones presidenciales de Senegal de 2012, una de las principales plataformas, SamaBaat, estaba impulsada por el tech labJokkolab. Sólo por poner algunos ejemplos.
Desnudo de reflexiones teóricas, los tech labs son un espacio de encuentro de personas con inquietudes relacionadas con la innovación tecnología y la transformación social. En los centros, tienen acceso a las necesidades técnicas para materializar sus inquietudes y además pueden recibir al asesoramiento y la orientación de expertos. Pero lo más importante es que sirven de punto de encuentro y que las reglas del juego incluyen el trabajo colaborativo y el intercambio de conocimientos. Así la comunidad piensa en conjunto, cada miembro aportando una visión particular para crear una inteligencia colectiva. A efectos empresariales, esta dinámica permite que se compartan proyectos y oportunidades de negocio. En el ámbito social, este sistema permite buscar soluciones colectivas y “contagiar” el modelo.

. iHub, Nairobi: Unos decanos en renovación constante

Nakesa Were.

En marzo de 2010, el equipo deUshahidi, liderado por Erik Hersman, se embarcaba en la construcción del iHub en Nairobi, ellos mismos lo financiaban junto a la fundaciónHivos y Omidyar Network. Lo hacían después de que en una reunión lostechies keniatas considerasen que necesitaban un espacio en el que encontrarse, tanto para relacionarse entre ellos como con los inversores potenciales.
Recientemente, el iHub ha sido considerada una de las 50 empresas más innovadoras del mundo (concretamente, en el puesto 38) y la más innovadora de África. Es el reconocimiento a una trayectoria de cuatro años. Durante este tiempo, el centro ha sumado casi 15.000 miembros, algunos de ellos implicados en las 150 empresas que se han desarrollado. Nekesa Were es la directora de operaciones del centro y considera que el secreto del éxito del iHub es “dar espacio a las ideas de los miembros de una comunidad vibrante”. “Saben que les daremos tiempo para trabajar en sus ideas y que les ayudaremos a impulsarlas”, explica Were.
Los éxitos de esta experiencia han despertado el interés de las grandes multinacionales que se acercan hasta los innovadores que trabajan en el centro. Sin embargo, la directiva del espacio tiene claro cuál es la prioridad y que no pueden modificar sus principios: “Tiene que haber una relación de dos direcciones, ambos tienen que aportar algo a la otra parte, todos deben traer algo a la mesa. Los conocimientos y las habilidades tienen que ser compartidos”. Nekesa Were considera que los tech labs, como el iHub, debe poner la tecnología al servicio de la sociedad aportando los instrumentos que “permitan (o empujen) a los gobiernos a comunicarse con los ciudadanos y viceversa” y “permitiendo controlar y denunciar los fallos en la prestación de servicios”.
Para conseguir este objetivo, Were considera que los tech labs deben “desmitificar lo que hacen para llegar a otros sectores de la sociedad y mostrarles que la tecnología se puede usar en muchos ámbitos como la educación o la salud”. Pero para que esta actividad pueda desarrollarse plenamente Nekesa Were, lanza una advertencia: "las infraestructuras deben ser una prioridad y cuando las escuelas estén construidas y la electricidad llegue a todo el país habrá más oportunidades para identificar a los innovadores, aprovechar el talento y difundir la tecnología”. Y se muestra esperanzada de cara al futuro: “Estamos aumentando las posibilidades de empleo de los africanos y mejorando las economías locales. Pero, por el momento, sólo hemos arañado la superficie”.

2. Jokkolabs, Dakar: El referente en África francófona

Karim Sy.
Karim Sy, quiso hacer un guiño y favorecer que su último proyecto emprendedor empezase con buen pie, por eso abrió las puertas deJokkolabs en Dakar el 10 de octubre de 2010 (10/10/10). Y parece que ha dado resultado porque menos de cuatro años después se ha expandido a cuatro países más y el centro ya tiene satélites en Nanterre(Francia), Saint-Louis (Senegal), Bamako (Mali), Ouagadougou (Burkina Faso) y Abidjan (Costa de Marfil).
Según explica el propio Sy, Jokkolabs nació como un acto de responsabilidad. “Como decía Churchill ‘ingresamos en un periodo de consecuencias’. Estamos ante una crisis financiera planetaria y todo el mundo tiene que asumir los retos. Ya no podemos permanecer pasivos, cada uno haciendo su pequeño negocio. Hay un nuevo mundo que está naciendo de la mano de las TIC y todos el mundo tiene que participar en él”.
El espíritu de Jokkolabs es “más que un espacio” el de “una comunidad de emprendedores que comparten valores de colaboración y de apertura”, de ahí la lógica de expansión de los centros. “Si queremos construir el mundo de mañana que va a ser más justo, igualitario y portador de progreso tenemos que reflexionar todos juntos. Porque los problemas de hoy no se pueden afrontar en un lugar y no afrontar en otro. No se puede respetar el medio ambiente en un lugar y no respetarlo en otro. La realidad de las migraciones demuestran que se tienen que superar las fronteras”, reflexiona Sy para explicar las conexiones transnacionales
El propio Sy acepta que estos espacios y las iniciativas que se desarrollan en ellos tienen que buscar la sostenibilidad en pro de la independencia, pero que la generación de rendimientos no puede ser el único objetivo. De la misma manera, considera que el trabajo colaborativo es una fortaleza: “Los emprendedores tienen mucho más que ganar trabajando en colaboración con los otros que guardando sus secretos. Tendrán más impacto y serán más competitivos que trabajando solos. En los casos en los que se está trabajando con dinero público, debería ser obligatorio que el resultado fuese Open Source (código abierto). Es la mejor manera de contribuir a la comunidad, de hacer que los resultados tengan un efecto multiplicador en otros trabajos”. Sy, se remite a la situación actual: “Cuando nos movemos sólo por la lógica económica a un cierto nivel, se convierte en un problema incluso para la democracia”.

Nota: Se trata de una nota extensa, pero muy interesante, para que puedan seguir su contenido les adjuntamos el enlace que los lleva a ella...http://elpais.com/elpais/2014/06/16/planeta_futuro/1402934380_225724.html

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